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viernes, julio 24, 2009

Waste of Skin - Nueva novela yaoi


Argumento: Lo que es, lo que fue, lo que pudo ser y lo que aún podría suceder. Todas estas posibilidades se entrelazan en la vida de cada persona y los protagonistas de esta novela no son diferentes. Hay quienes usan y quienes son usados e incluso aquellos que permanecen danzando peligrosamente en la línea divisoria, pero al final, cada quien tiene que vivir con sus propias decisiones y de la misma manera, cada cual debe tomar las riendas de su propia vida, antes de que esta decida por ti.

* Waste of skin: una persona que no vale para nada, cuya existencia no se merece ni la piel que "malgasta"

Genero: Violencia, romance, sadomasoquismo, tortura, prostitución, drama, tragedia, parafilias, BDSM, yaoi (homoerótica), lemon, psycho, violación, underground, hardcore, corrupción, sumisión.

Una novela que no va a dejaros inmunes, y tengo que advertirlo... puede que ciertas cosas no sean indicadas para personas en exceso sensibles a la violencia sexual y el dolor. Pero si te gusta el sexo duro... lo disfrutarás.

http://www.psychobrainyaoi.com/indices/Waste_of_skin.htm

Capítulo 1
Idolize Yourself
A night to remember


La lluvia caía pesada, golpeando el asfalto con un sonido insistente, ensordecedor, calándolo hasta los huesos. Sin embargo Lev corría sonriendo, cubriéndose la cabeza con un periódico sin preocuparse demasiado por si aquello funcionaba realmente o no.

Se refugió bajo el alero de un edificio, sacudiendo su cabello negro para liberarse de las ínfimas gotas de agua que se estrellaron al salir volando del mismo.

Lo habían rechazado por tercera vez en un solo día, pero no perdía las esperanzas. Ya sabía que las cosas no se darían por arte de magia, pero no tardaría mucho. Sólo tenía que insistir un poco más.

Una pareja pasó riéndose a su lado e inadvertidamente los siguió con la mirada, observando aquel letrero de neón brillante que señalaba la entrada del Púb. No estaría mal beberse una cerveza para recobrar los ánimos, estaba cansado después de todo.

–Documentación, por favor... –le pidió el portero alto y moreno que estaba en la entrada cerrando el paso. Sus mechas violeta se mezclaron con el cabello negro, mientras alzaba la vista tras revisar la fecha de nacimiento en el documento de identidad. Lo miró a los ojos, devolviéndoselo –. Pasa.

–Gracias –le sonrió el chico, mirándolo un poco más ya que le parecía muy atractivo –. Deberías sonreír un poco...

Pero el chico siguió serio, observando su sonrisa como si no la comprendiese para nada.

–No te había visto antes –le contestó sin más, en un intento de relacionarse un poco pobre. Casi parecía estar explicando la ausencia de su sonrisa, por el hecho de no conocerlo.
–Acabo de llegar. Bueno, llevo una semana aquí, es la primera vez que veo este lugar –Lev tomó una decisión espontánea, colocándose a un lado de la puerta para no obstruir el paso. De pronto le interesaba más hablar con ese chico –. ¿Cómo te llamas?

El otro lo miró algo incómodo de que se quedase allí, más preocupado de no saber comportarse ahora que había conseguido su objetivo, que feliz por haberlo logrado.

–Ares –le hizo una seña a dos chicas para que entrasen, ya que a las jóvenes guapas no se molestaba en mirar si tenían o no la edad. Cuantas más llegasen, más gente iría al Púb. Y eso era lo que le importaba al jefe –. ¿Estas solo aquí entonces? –le preguntó al chico a su lado.

–Sí, bueno, tengo un amigo, pero vine por mi cuenta. Me llamo Lev –extendió la mano para presentarse, aún sonriendo y pensando que estaría mojada, pero si no quería estrechársela, no tenía que hacerlo.

El moreno le estrechó la mano, pensando que no había que andarse con esas formalidades, aun así se la apretó un poco, como tenía por costumbre, antes de soltársela.

–Espera... le voy a decir a alguien que me cambie unas horas, y pasamos adentro –se apartó antes de que pudiese contestarle si sí o si no, preguntándose si seguiría allí cuando regresase o si iba a quedar como un imbécil

Lev sonrió aun más, entusiasmado porque hiciese aquello. En realidad, había pensado en invitarlo a salir luego de que terminase su turno. Se apoyó contra la pared, arreglándose el cabello un poco mientras tanto.

El moreno se acercó a la barra, hablando con el chico que estaba tras la misma. Este desapareció un momento detrás de una puerta, de la que volvió a salir enseguida, acompañado por un joven alto y algo gordo, aun más alto que Ares.

El chico hizo una seña hacia el que le esperaba y el gordo sonrió comprensivamente, pegándole unas palmadas en la espalda que al moreno le parecieron realmente molestas, pero se aguantó el quejarse porque estaba en el trabajo.

Llegó cuanto antes junto al otro chico y le sujetó la mano, tratando de llevárselo con él, antes de que el otro llegase para decir algo “ingenioso”.

–Me alegro de que hayas querido venir conmigo, ¿sabes? No puedo estar molestando a mi amigo todo el tiempo y te llegas a sentir solo en un lugar tan grande, aunque me gusta. Me gusta mucho –Lev comenzó a hablarle enseguida, sin darse cuenta siquiera de las prisas que llevaba el moreno.

–¿Sí? Bueno, ¿de dónde eres? –le preguntó mientras lo llevaba hacia uno de los asientos, extrañado porque aquello le pareciese tan grande, claro que él llevaba viviendo allí toda su vida.

–De un pueblito del que probablemente jamás habrás escuchado hablar –se rio el chico, haciendo un ademán con la mano y sentándose –. ¿Tú eres de aquí, verdad?

–Sí –contestó serio, sin muchas habilidades para continuar la conversación –. ¿Quieres tomar algo? Te invito, ya que yo no tengo que pagar –se recostó hacia atrás en el asiento, cogiendo un cigarro y llamando a una de las camareras, ya que había confianza.

–Gracias... –el chico asintió sonriendo, contento de que fuera tan amable – Una cerveza está bien –pidió, apoyándose en una mano y pasándose la otra por el cabello al recordar que seguía húmedo.

–Si quieres secarte un poco el pelo en el baño... –le sugirió el chico, mirándolo y pensando que era muy guapo. Alto y con un cuerpo fibroso, delicado, le gustó ver cómo sus dedos pálidos y finos de entremezclaban con las hebras negras de su cabello.

–¿Qué vais a tomar? –preguntó la chica, que no acostumbraba a servir de ese modo, si no tras la barra, pero le hacía un favor al otro.

–Oh... una cerveza para él, y un bacanal para mí –la miró como despertando de sus pensamientos.

–O.K. –sonrió un poco, regresando tras la barra para prepararlos.

–Estoy bien así, ya me lo arreglaré cuando regrese a mi piso –le sonrió, apoyándose en ambos brazos ahora e inclinándose sobre la mesa –. Me agradas, eres amable y tienes esa sonrisa deslumbradora... –bromeó por lo serio que estaba.

–Qué gracia –el chico torció una sonrisa ahora, preguntándose si estaba diciéndole que no lo soportaba. Porque si el resto de la frase era tan sincera como lo de su sonrisa... –. Pues si no te gusto ya sabes –dijo serio de nuevo.

La chica les trajo los vasos, sin percatarse de lo tenso del moreno, aunque no era nada nuevo con él esa cara de ir a matar a alguien.

–Tomad –los apoyó en la mesita y se fue, mirando atrás de soslayo un momento.

–¿Eh? No dije eso, dije que me agradabas. Sólo quería ver si sonreías, aunque fuera un poquito. Y de alguna manera, lo logré, ¿no es así?

–Si tú lo dices... –cogió la cerveza, ofreciéndosela y dando un trago después de su propio vaso, recostándose de nuevo contra el respaldo –. No se me dan bien las sutilezas.

–Ya lo noto, pero a mí me gusta jugar. ¿Te enfadarás? No era mi intención –se disculpó a su manera, bebiendo un poco de cerveza –. Supongo que sólo estoy feliz de estar hablando con alguien.

–Ya, no voy a enfadarme por eso, supongo, no lo sé –le dijo con extrema sinceridad –. ¿Dónde estás viviendo?

–Estoy alquilando una habitación arriba de un almacén. No es gran cosa, pero servirá por ahora. Por lo menos es silencioso y económico –le contestó Lev, observando sus ojos, mientras continuaba bebiendo de su cerveza.

–¿Y para qué has venido? ¿Buscas trabajo? –se interesó, bebiendo un poco más, dejando que sus ojos azul verdoso lo mirasen fijamente. Se llevó el cigarro a los labios, mirando hacia abajo mientras dejaba escapar el humo.

–Algo así –le sonrió con algo de complicidad, deslizando un dedo por el borde de la mesa luego –. Voy a ser actor. Y te recordaré cuando sea famoso, serás el primer chico que me compró una cerveza aquí.

–Eso no tiene mucho mérito, ¿no? –sonrió levemente, pero esta vez de forma sincera. No pudo evitar pensar que apuntaba alto –¿Y ya has hecho algún papel en anuncios o algo así?

–No, aún no, pero acabo de llegar. Sólo dame tiempo –negó con la cabeza, observando su cerveza ahora –. Recuerda mi rostro –le sonrió, alzando la mirada de nuevo –. Me sentía un poco solo hoy, claro que esto tiene mérito.

–Bueno, entonces tendrás que recordarme como el primero que te hizo compañía cuando llegaste solo aquí –giró un poco la situación, sonriendo y llevándose el cigarro a los labios otra vez –. Pero al menos habrás estudiado arte dramático, ¿no? –se apoyó de lado en el sofá, colocando un brazo sobre el respaldo para verlo mejor.

–En donde yo vivo... no se toman estas cosas en serio –admitió un poco avergonzado, aunque no por él, sino por venir de un lugar tan atrasado –. Pero estuve en el club de teatro de mi escuela y luego en la universidad. Se hace lo que se puede, ¿no?

–Sí, bueno... –lo miró a los ojos, pensando que era un iluso. ¿Eso pensaba poner en su currículo? –¿Y qué has estudiado entonces?

–Publicidad –le contestó guiñándole un ojo de pronto –. No me mires así, tengo talento. Ta-len-to. ¿No me crees? –se rio terminándose la cerveza luego.

–Te creo, es sólo que... no sé, las cosas no son tan fáciles, creo yo. Pero puede que no sean tan fáciles para mí, simplemente. No tengo “don de gentes” supongo –le ofreció beber de su vaso, preguntándose si al menos sabría lo que era, viniendo como lo hacía de un pueblo –. ¿Quieres probarlo?

–Quiero probarlo todo al menos una vez –le aseguró, tomando el vaso que le ofrecía y bebiendo, dejando escapar un leve suspiro después –. Está bien... Y voy a triunfar, ya lo verás. No soy de los que se rinde fácilmente, sólo tengo que esforzarme un poco...

–Bueno, pues entonces ve a por ello, yo no tengo aspiraciones de esa clase, así que, supongo que no puedo comprenderte. ¿Quieres beber algo más? –se llevó el cigarro a los labios, pensando que se había bebido la cerveza muy rápido.

–Acepto de lo que tú estás bebiendo –le señaló, moviéndose un poco en su asiento, inquieto –. No pasa nada, tal vez te contrate como mi guardaespaldas cuando sea famoso. ¿No es una buena aspiración?

–Sí, es interesante al menos, y como eres guapo, supongo que puedes tener suerte –le dijo mientras se levantaba, pensando, sobre todo si decides hacer ciertas cosas por conseguir empleo –. Voy a buscarte uno, ahora vengo.

–Vale, gracias –Lev se giró un poco para mirarle el trasero mientras se alejaba hacia la barra. Seguramente era uno de esos realistas que pensaban que todo era imposible, pero él estaba seguro de poder conseguirlo. No se rendiría.

Ares miró un momento a donde la chica le señalaba y mientras le preparaba el trago, se acercó a dos chicos que al parecer la habían estado incordiando de forma bastante insoportable. Estaban borrachos, eso se notaba. Los invitó a salir educadamente, aunque estos no parecían estar por la labor. Insistió de nuevo, ya tirando del brazo de uno de ellos para levantarlo. El otro hizo un gesto con las manos, como diciéndole que ya se largaban.

El chico los llevó hacia la salida, molesto porque lo interrumpiesen en ese momento, regresando rápidamente a por el trago.

Ya estaba aproximándose al chico, cuando notó a un listo que se había sentado en su sitioy trataba de entablar conversación. ¿Por qué?, pensó. Siempre le pasaban esas cosas.
Lev estaba asintiendo, escuchando lo que le decía el chico. No veía por qué ser grosero, pero la verdad lo estaba incomodando un poco.

–Así que... ¿te gustaría salir y...?

–¡Oh! ¡Mira! Ahí regresa mi novio –lo interrumpió el moreno, poniéndose de pie y alzando la voz incluso, esperando que Ares le siguiera el juego –¡Mi amor, te extrañaba!

–¿Eh? Sí... yo también –murmuró serio, sujetándolo por la cintura. La verdad es que le había hecho gracia su salida, pero aun así le incomodaba tener que fingir, puesto que no se le daba nada bien. Miró al otro y le hizo una seña con la cabeza, como pidiéndole que se levantara.

–¿Tienes novio? Bueno, me piro..., pero conste que no soy celoso.

–Si fuera su novio de verdad, te partiría la cara por eso que acabas de decir –fue incapaz de aguantarse, soltó al otro y empujó al desconocido con una mano para que se largase.

El “moscón” se fue, murmurando algo en bajo, del tipo a: te libras por esto o lo otro. Pero largándose al fin y al cabo.

–Toma –le dio el vaso al chico, sentándose de nuevo –. No me vuelvo a ir... –murmuró para sí, sintiéndose un poco molesto al notar que lo había dicho en alto.

Lev sonrió observándolo, con el vaso en la mano, y sentándose de nuevo.

–Eso fue muy dulce. Harás que me enamore de ti. Es una lástima que hayas revelado que no somos novios en realidad, pensaba besarte.

–Eso no se dice cuando ya no piensas hacerlo –se quejó el otro, bebiendo un poco y sujetando el vaso con la mano que sostenía el cigarro. Tenía el ceño algo fruncido, el enfado no se le pasaba, aunque hubiera sido una chorrada.

–Aún puede que lo haga. ¿Quién sabe? –le sonrió el chico, pensando que se veía más atractivo así. Se llevó el vaso a los labios, bebiendo sin mucha cautela.

Los ojos aguamarina del otro lo miraron fijamente, como si estuviese pensando en algo. Sin embargo le dio otro trago al vaso, terminándose lo que le quedaba y dejándolo sobre la mesita que tenían delante.

–Creí que eras un inocente chico de un pueblo remoto. Como Heidi... –bromeó, aunque con aquella cara tan seria.

–¿Acaso me ves usando trenzas? –se rio Lev, bebiendo de nuevo, antes de continuar –Soy un chico de pueblo, en eso tienes razón. Inocente... no sé, no sé.

–Heidi no usaba trenzas, era moderna para su época. Llevaba el pelo a lo garçon –Ares lo miró de soslayo mientras apagaba el cigarro en un cenicero, esbozando una sonrisa al imaginárselo con trenzas.

–Da igual, mi estilo es mucho más original, ¿no lo crees? Aunque esté mojado ahora... Oh, ya no lo está –se rio de nuevo, tocándose las puntas con un de dedo –. Pero no me has dicho nada de ti...

–No soy muy interesante –le aclaró, observando sus ojos –. Estoy... practicando para pasar las pruebas para policía, pero no sé, últimamente me lo estoy pensando mejor –murmuró, recostándose en el respaldo otra vez.

–¿Por qué? Yo creo que te verías genial en uniforme, aunque ese no seas el mejor motivo para que te unas a ellos –le sonrió pasando un dedo por el brazo del chico –. Yo te encuentro fascinante.

–Tú lo que pasa es que quieres ligar conmigo –le respondió sin más, observando lo que hacía y girándose un poco hacia él –. Me veo mejor usin uniforme –se inclinó hacia él, besándole debajo de la mandíbula y rozando su piel con la lengua.

–No lo dudo –susurró el chico, bajando un poco la cara para lamer sus labios, sonriendo –. Te encuentro fascinante en muchos sentidos.

Ares le sujetó el cuello, besándole los labios y entrando en su boca profundamente, observando a la gente pasar tras ellos y entrecerrando los ojos levemente, como si no se fiase de hacerlo por completo. Su otra mano le sujetó la cintura, tocándole la piel bajo la camiseta.

–¿Quieres ir afuera? –lo miró a los ojos, preguntándose si lo comprendería.

Lev asintió, un poco acalorado ya y tomó su vaso, acabándose el trago antes de salir.

–Afuera, adentro, a donde tú quieras...

–Vamos a mi casa –lo invitó, levantándose y sujetándolo por la cintura.

Lev se apoyó en él, caminando como si realmente fueran una pareja. Había una pequeña voz en su mente que le decía que aquello era peligroso, que no lo conocía de nada, pero no quería estar solo y su instinto le decía que podía confiar en aquel chico.

–Vivo aquí al lado... –se explicó, preguntándose si no le preocupaba largarse así con un desconocido. Era normal para él y para mucha gente allí. Tal vez seguía viéndolo un poco “Heidi” con eso de que era de un pueblito del que nunca habría escuchado hablar. Sonrió ligeramente, sacando las llaves de uno de los bolsillos de sus jeans y girándolas en su mano.

–Qué conveniente –sonrió el chico, sin quitarse de donde estaba apoyado –. ¿Traes a muchos chicos aquí? No me molestaré, mi amor...

–He cambiado las sábanas desde el último –le dijo de broma, esbozando una sonrisa y abriendo la puerta de abajo, antes de subirse al ascensor con él. Metió dos dedos por la cintura de sus pantalones y lo atrajo contra él, besándolo despacio, con los ojos cerrados.

Lev le rodeó el cuello con ambos brazos, respondiendo al beso y entrecerrando los ojos. Estaba necesitando aquel contacto. Se resbaló un poco contra él, riéndose.

–Guapo... –susurró el moreno, sujetándole la cintura y notando cómo la camiseta se subía un poco contra sus manos. El ascensor se paró, y lo besó mientras salían del mismo, caminando de espaldas a la puerta.

El chico le mordió el labio inferior con suavidad, sonriendo mientras lo besaba de nuevo y manteniendo los ojos abiertos para no tropezar. Extendió un brazo para tocar la puerta y evitar que Ares se diera un golpe.

El moreno de todas formas ya estaba contando con ella y la tocó con el talón, girándose sin dejar de besarlo, ahora en el cuello, abriendo la puerta mientras su otra mano le tocaba la espalda.

No le gustaba lo mucho que “cortaba el rollo” el camino desde el local a su cama. Lo soltó para que entrase, cerrando la puerta y sacándose la camiseta en la entrada misma. Tenía la piel bronceada y su cuerpo estaba muy trabajado.

Lev respiró con fuerza, relamiéndose y sonriendo.

–No me equivocaba... –se sacó su propia camiseta, dejándola a un lado y revisando el lugar, alejándose hacia la cama como si estuviera en su propia casa.

Ares lo sujetó por detrás, rodeándole la cintura, acariciándole el abdomen y subiendo por su pecho con las manos. Sus labios, mientras tanto, se hacían con el cuello y el hombro del chico, rozando con el aro que llevaba a un lado del labio inferior, aquella piel tan pálida.

–Ahora podrás recordarme por algo más que la cerveza –le dijo al oído, rozando sus labios contra la curvatura de su oreja, mientras sus fuertes manos le abrían los botones de los jeans.

–Y tendrás algo que venderle a los tabloides cuando sea una estrella... Pero a ti no te demandaré –sonrió el chico, jugando mientras comenzaba a jadear, sus manos bajando por los brazos de Ares, ayudándolo a bajarle los ajustados jeans.

–Yo no haría eso..., pero te recordaré que me dijiste que querías que fuera tu guardaespaldas –le acarició el interior de los muslos. El ajustado pantalón se había llevado la ropa interior con él y sus manos se deslizaron hasta arriba, acariciando sus genitales y empezando a masajear su sexo. Ya estaba caliente y duro, el suyo hacía tiempo que había reaccionado y se apretaba contra las nalgas del chico.

–Ah... Lo serás... mi guardaespaldas fuerte y sexy... –gimió, inclinándose un poco hacia delante, rozándose aun más contra el sexo de Ares. Era grande, podía adivinarlo por el tacto, y además, se sentía tan caliente que no podía dejar de frotarse de todas maneras.

Ares resopló suavemente contra su piel, estremeciéndose por la forma en la que su sexo reaccionaba a aquellas caricias. Lo giró hacia él, besándolo profundamente de nuevo, jugando con su lengua fuera de la boca del chico, succionándosela después, sujetándola con los dientes y abriéndose el pantalón, para segundos después tomar sus nalgas. Se las apretó mientras se deshacía de aquella prenda, dejando que cayese sola y apartándola.

–Pues ya sabes dónde encontrarme de nuevo.

–Incluso apuntaré la dirección –sonrió contra sus labios, atrayéndolo por los hombros y dejándose caer de espaldas sobre la cama, besándolo nuevamente. Ahora era él quien le sujetaba las nalgas, pegando ambos sexos uno contra el otro.

–Oh... –Ares resopló con fuerza, excitándose aun más por la manera de comportarse del otro. Se apretó contra su cuerpo, rozándose y besándole el pecho, deteniéndose en sus pezones y lamiéndolos alrededor, succionándolos y mordisqueándoselos delicadamente.

–Qué bien se siente... –Lev se alzó un poco, observándolo, pensando que se veía tremendamente sensual. Le estaban dando escalofríos de placer. Echó la cabeza hacia atrás, abriendo las piernas para que se colocase más al centro.

El moreno se metió entre ellas, sujetándoselas con ambas manos y separándoselas un poco más, bajando por su abdomen con la lengua, y arrastrándola por todo su sexo, succionándolo despacio, empapándolo en saliva y apretando un poco más los dedos en su carne. Observó de soslayo el lunar en la cara interna de una de aquellas piernas tan blancas y deslizó la lengua por esta hasta llegar al mismo, besándoselo.

–Ahora sabré cómo convencerlos de que digo la verdad si quiero salir en las revistas.

Lev se rio, divertido, dejando escapar una serie de gemidos algo escandalosos. Se apartó de él con algo de esfuerzo, deslizándose hacia atrás y poniéndose a gatas luego.

–Yo también quiero jugar, Ares... Déjame probar... –le pidió, acercándose a su entrepierna y lamiendo el sexo del moreno, que se había arrodillado al apartarse el chico.

Ares dejó escapar jadeos pesados entre sus labios, resoplando con fuerza y acariciándole el cabello con una de aquellas manos grandes, la otra la apoyaba en su propio abdomen, observando como entraba y salía su sexo en la boca del chico. Cerró los ojos un momento, bajando la cabeza y dejando que el flequillo le cubriese la mirada, mientras se movía entre sus labios cálidos.

–Seguro que Heidi no sabía hacer estas cosas...

Lev no le contestó inmediatamente, continuó succionando su sexo, lamiendo sus testículos. Lo tenía grande, tal y como había intuido. Lo dejó salir de su boca, mirándolo de manera traviesa.

–Heidi era una mojigata. Yo soy una estrella...

–Ella también es famosa. Todo el mundo la conoce, toma ejemplo –jugó, bromeando pese a que estaba serio y excitado. Le sujetó la cabeza, guiándolo hacia su sexo de nuevo, aunque procurando poder ver su cara, inclinándose hacia un lado y recogiendo con la otra mano, la saliva que resbalaba de la quijada del chico.

Se echó sobre él, pasando aquellos dedos tan mojados entre sus nalgas, dibujando el contorno de su ano y empujando dos en su interior, estremeciéndose por la sensación.

–Hum... –gimió el chico, succionando con más fuerza y apretando sus nalgas para sujetar aquellos dedos, con aquella sensación de calor, recorriéndolo, haciendo que su propio sexo se pusiera más duro. Se aferró a las piernas del moreno para no estremecerse demasiado.

Ares siguió moviéndose en su boca de aquel modo, explorando con los dedos en su cuerpo hasta que notó que aquella presión cedía al menos un poco. Exhaló entre dientes, separando los labios después para jadear, apartándolo de su sexo y tumbándolo sobre la cama. Apenas dándole tiempo a nada antes de apoyar las manos a los lados de su cabeza, colándose entre sus piernas y empujando su sexo de forma incierta contra él, sin molestarse en ayudarse con la mano, inclinándose y sujetándole el labio inferior con los suyos, mordiéndoselo sin querer un poco, al notar que por fin lo penetraba.

Dejó escapar un resoplido contra sus labios, y se empujó todo lo posible dentro de él, volviendo a hundir la lengua en su boca a la vez.

–Ohm... –gimió de vuelta el chico, enroscando su lengua con la de Ares y subiendo una pierna por su cadera, para apretarlo más contra él, rozando su sexo contra las abdominales del moreno y empujándolo más en su interior. Abrió los ojos, observando aquella expresión apasionada en su rostro. Realmente era sensual.

Ares se inclinó de nuevo sobre él, besándole el pecho y oliendo su piel, refugiándose en su cuello y besándoselo de forma apasionada. Sus nalgas se contraían cuando lo embestía, cada vez de forma más profunda, tal y como el chico le pedía con sus movimientos. Notó como se sujetaba a sus brazos y lo miró a los ojos, rozando la punta de la nariz contra la suya, besándolo de nuevo.

Lev por fin volvió a cerrar los ojos, dejándose llevar de aquella manera. Ambas piernas rodeaban al moreno ahora, apretando aquellas caderas que le parecían poderosas por lo fuerte que lo embestían y lo bien definidas que estaban. Podía sentir el líquido de su propio sexo humedeciéndolos a ambos, resbalando por su costado.

La mano del moreno sobre él le acarició el cabello, apartándoselo de la frente.

–Me gustas mucho, Lev –susurró entre jadeos, apenas separándose de sus labios, sintiendo un placer indescriptible cada vez que se movía dentro de él. El chico entreabrió los ojos, y él le mantuvo la mirada, sin detenerse, bajando una mano para tomar su sexo pulsante.

–Tienes... los ojos más hermosos... que... ah... –Lev se rio de nuevo entre gemidos, aunque hablaba en serio. Creía poder perderse en ellos, mientras sus gemidos iban en aumento. Alzó una mano para sujetarse a su cuello, acercándolo para que lo besara de nuevo, a pesar de que el orgasmo ya estaba más que próximo.

–Hum... –el moreno protestó ligeramente, porque aquel beso sólo le hacía más difícil aguantarse más. Casi le parecía que su sexo se quemaba dentro de aquel cuerpo delicado. Le mordió los labios con suavidad, mirándolo de nuevo y susurrando –Me corro... –para que lo dejase apartarse, ya que sus piernas lo mantenían sujeto bien dentro de él, como si fuera una deliciosa tortura, pero ya no podía más.

Lev relajó el abrazo, permitiéndole apartarse, aunque ni siquiera se había preocupado por aquello, así de concentrado como estaba. Apenas alcanzó a aguantarse por unos segundos más antes de correrse, gimiendo con fuerza y llevándose una mano al pecho como si su corazón no fuera a soportarlo.

Ares salió de él casi con urgencia, con el aliento temblando, sujetando su sexo junto al del chico, y corriéndose sobre su abdomen y por encima de su sexo, mientras este aún dejaba escapar pulsante, las últimas gotas de semen. Se inclinaba sobre él, su cuerpo agitándose por los estremecimientos y sus labios rozando los del chico.

Lev lo besó de nuevo, acariciando su mejilla con las yemas de los dedos, con suavidad, casi como si temiera hacerle daño. Sonrió contra sus labios, susurrando.

–Gracias por esta noche, Ares.

–No me des las gracias, me harás sentir como un escort... –se echó a un lado, abriendo un cajón de la mesita y dejándole una toalla de manos para que se limpiase un poco –. Puedes quedarte esta noche si quieres.

–Pero no podría pagarte si fueras un escort. Te doy las gracias porque me siento feliz en este momento –le aclaró para que no fuera a ofenderse. Se limpió, sentándose y apoyándose contra el respaldo de la cama –. ¿De verdad no te molesta que me quede?

–No, estará bien un poco de compañía –cogió un cigarro de la mesilla, apoyándose en el respaldo también, pero recostado. Lo encendió, cruzando después un brazo por detrás de su cabeza, dejando salir el humo de una sola bocanada –. Mañana puedes darte una ducha antes de irte si quieres, comer algo... como si estuvieras en casa, pero no me despiertes, duermo durante el día.

–No te preocupes, será como si no estuviera aquí –le aseguró, ya que no quería molestarlo. Giró la cara para mirarlo, sonriendo un poco –. No vayas a olvidarme... –susurró como si fuese algún tipo de hechizo extraño.

–No voy a olvidarme –se movió ligeramente, apoyando la cabeza sobre sus piernas y entrecerrando los ojos, llevándose el cigarro a los labios otra vez –. Espero que tengas suerte.

–No necesito suerte, tengo talento –sonrió con toda la confianza del mundo, acariciando el cabello de Ares y cerrando los ojos, así como estaba.

–Aun así... –insistió, dejándose acariciar de ese modo, ya que era agradable, lo adormecía. Aunque el sexo siempre le provocaba aquella sensación.


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jueves, mayo 08, 2008

Pitfall novela yaoi online

Pitfall ya ha comenzado a publicarse, para que os animéis a leer, aquí os dejo el primer episodio:

Argumento:

“Hay un lugar secreto debajo del antiguo gimnasio... Si vas de noche, puedes escuchar gritos y gemidos... Mi primo ha visto a los fantasmas... Dicen que un niño pasó una noche allí y nunca lo volvieron a ver...” En todo pueblo hay rumores, así como en todo pueblo hay algún lugar tácitamente prohibido para quienes crean en estos rumores. Y por supuesto, también existen aquellos que desean retarse a sí mismos traspasando la invisible muralla de sus propios miedos. Una apacible noche de verano, cuatro amigos deciden ir a probar su valor en el viejo gimnasio, pero sólo de tres de ellos regresaron. Varios años han transcurrido y aquel viejo secreto los llama ahora desde el pasado, mientras una nueva generación está por descubrir qué se esconde bajo el antiguo edificio.

Capítulo 1
Today, Tomorrow and for the rest of our Lifes

Una ráfaga de viento atravesó las copas de los árboles, como un aviso silencioso, provocando que los cuatro niños se estremecieran a la vez, aunque ninguno lo admitiría, cada cual intentando parecer más valiente que el otro.

Sazae golpeó su linterna para que brillase con más intensidad. Debería de haberle puesto pilas nuevas antes de salir, pero siempre lo olvidaba. – ¿Quién baja primero? – preguntó el niño de diez años, con voz autoritaria, en realidad enmascarando su deseo de no ser él.

–Echémoslo a suertes…– dijo el más mayor, colocándose la mano tras la espalda para jugárselo cuanto antes.

–Tú eres el mayor, no seas gallina… –Ikemoto lo empujó un poco para que se adelantase. –Vamos, ¿O es que estás cagado? –lo retó, forzando la situación para no ser él quien entrase.

– ¡Esta bien! Yo lo haré… como si tuviese miedo…– el chico se adelantó un poco entre los árboles del instituto. Alzó la vista, a esas horas de la noche tenía otro aspecto, un aspecto lúgubre. Sólo rogaba porque todos aquellos cuentos que su hermano mayor les había estado narrando fuesen una mentira.

Ikemoto lo siguió de cerca, alumbrando con su linterna y sintiendo frío por el miedo que tenía. –Vamos. –les dijo a los otros para que no se escaqueasen.

– Tengo miedo. – murmuró la única niña del grupo, mirando un poco hacia atrás. Aún así, le daba miedo regresar sola en esa oscuridad.

– No pasa nada, yo te protejo... – sonrió Sazae, tomándola de la mano antes de bajar, continuando en su mente. “E Ikemoto me protege a mí y Arata le protege a él... Pero no va a pasar nada.”

– ¿Seguro que era por ahí? –el moreno miró al mayor que seguía caminando entre los árboles hasta llegar al almacén del patio.

–Sí. –susurró el chico, como si por estar haciendo algo prohibido de pronto pudiesen escucharlos. Giró la manilla y pasó al interior del almacén. –Aquí hay una trampilla… –les explicó. –En algún lado.

–Espero que no fuera otra mentira de tu hermano…– protestó Ikemoto, dirigiendo la luz de su linterna hacia el chico, e internamente deseando que sí lo hubiera sido y no hubiese ninguna trampilla.

Sin embargo, allí estaba, cubierta de polvo y telarañas, pero real de cualquier manera. Sazae se agachó, golpeando su linterna de nuevo y casi pegando un salto cuando la niña a su lado le gritó.

– ¡No me sueltes!

– Sh... No seas escandalosa. Luego me gritas si se apaga la linterna también. – frunció el ceño con cara de fastidio, demostrando así que él sí era valiente, por supuesto. – Y ahora... ¿Entramos ahí?

–No, ahora nos quedamos aquí y le sacamos brillo…– se burló Ikemoto, pegándole flojo con su linterna en la cabeza y distrayendo su propio miedo haciéndose el chulito. –Entra, Arata.

– ¿Seguro?... Está muy oscuro, mejor nos vamos…– el chico los miró asustado, pero Ikemoto abría la trampilla y miraba adentro.

Se tapó la nariz y los observó. –Huele a muerto…– les dijo, aunque no tenía ni idea de cómo olía un muerto. Sólo olía a humedad y estaba muy oscuro. – ¿Es que tenéis miedo? –les preguntó, sonriendo y deseando un sí generalizado para hacerse de rogar un poco y luego poder irse triunfal.

– Pues... si queréis voy yo primero. –se ofreció el otro chico con voz temblorosa, no quería que pensaran que era un gallina. Dio un paso adelante, aliviado cuando Arata le detuvo.

– Yo no tengo miedo. – le aseguró, como diciendo que no le iba a ganar un niño menor que él.

–Pues entra de una vez…– Ikemoto se hartó por lo nervioso que estaba y se levantó, zarandeando una mano para hacerlo entrar.

–Voy…– el chico sujetó la linterna entre los dientes y comenzó a bajar por las escaleras escavadas en tierra. –Hace frío aquí…– les dijo mientras bajaba hacia el foso.

–Tú sigue bajando…– le dijo el mediano sin atreverse aún a dar un paso.

– ¿Qué ves? – le preguntó Sazae, alumbrando un poco con la linterna, aunque sólo se topaba con tierra, nada interesante. – Arata... que te estoy hablando...

– Pues no se ve nada, espera... – desde abajo se escuchó un sonido y un gritito, como de golpe.

– ¿Qué? ¿Qué ha sido eso? Arata… ¡Arata! – empezó a llamarlo la niña, espantándose.

– ¡Me he tropezado! ¡Bajad ya! – casi se rió el niño ante tanto histerismo, Sazae resoplando por la tontería. Él había dicho que no la llevasen. Aunque la verdad, estaba molesto porque también lo había asustado a él.

–Ya vamos…– Ikemoto suspiró, todo aquello era una tontería. Él ya tenía doce años, no era un bebé para estar asustado de un foso oscuro. Se prendió la linterna en la cintura de los pantalones, y sujetó sus manos al borde del foso. Mirando al menor. –No te vayas a peer en mi cara mientras bajas, Sazae-chan…– se rió, de nuevo buscando valor en distraerse.

–No digas tonterías, Ike-chan. – se rió por llamarlo así, entregándole la linterna a la niña antes de bajar. – No dejes de alumbrar que no me quiero romper algo...

–No…– la chica se acuclilló en la entrada, alumbrándolos, y rogando porque perdiesen el interés antes de que le tocase a ella. Por otra parte, tampoco le emocionaba la idea de quedarse allí sola.

–Arata…– Ikemoto lo llamó, ya que se había quedado callado. Pero lo veía moverse, o al menos esperaba que fuese él. Claro que era él… – ¡Arata, ¿te has cagado ya?! –preguntó reído, aunque el que estaba asustado era él.

De pronto se escuchó un alarido. Era Arata. Ikemoto sujetó una de sus manos a la pierna de Sazae. – ¡No! ¡Sube! ¡Sube ya! ¡Déjame subir! –le gritó mientras los alaridos no se detenían en el fondo del foso.

– ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! –gritó la niña arriba, finalmente lanzando la linterna abajo y echando a correr entre lágrimas.

– ¡Ayame! ¿Qué pasa? – Sazae empezó a subir a las prisas, casi resbalando por un momento, pero Ikemoto lo empujó hacia arriba. Salió de aquel agujero gateando, buscando su linterna y maldiciendo a la niña por haberse ido así. Le temblaban las manos violentamente. Seguramente era una broma, eso, tenía que serlo.

Fuera como fuese, el moreno no lo dejó quedarse a pensar, se arrastró gateando por el suelo, lívido del miedo. Sujetando su mano, tiró de él, llevándolo a toda prisa a través del patio. Ahora el bosque parecía más cerrado, más angosto, y por algún motivo, era como si todos los demás sonidos de la tierra se hubieran silenciado. No sonaba el viento, ni los grillos, ni sus pasos, nada.

Sazae corría sin atreverse a mirar atrás, como si algo terrible les estuviese persiguiendo, algo que mientras no se voltease a verlo, no les atraparía. Apretaba la mano de Ikemoto con fuerza, incluso sentía ganas de llorar por el miedo.

El chico tropezó con las ramas partidas, escuchó un jadeo salir de sus labios, un grito mudo por el miedo. Se enderezó de nuevo y siguió corriendo hacia la luz de las farolas al final del sendero.

– ¡Espera, Ikemoto! – Sazae, que había caído con él, se levantó también, siguiéndolo aterrorizado por quedarse atrás. – ¡Espérame!

.....

–Ah... – el profesor se estremeció ligeramente sobre su escritorio, despertando de aquella pesadilla y pasándose una mano por los ojos. Detestaba soñar con aquello. Detestaba sentirse así, asustado, como debía de haberse sentido Arata al ser dejado atrás. Carraspeó, alisándose el alborotado cabello y abriendo uno de los cajones para sacar una botella de agua y un calmante. No quería que lo vieran sus alumnos en ese estado, pero lamentablemente uno de ellos estaba observándolo desde detrás de la silla.

– ¿Qué es eso? – le preguntó refiriéndose a la pastilla. Riéndose después. – O debería decir: buenos días, sensei. –se sentó en la silla frente a él y juntó las manos frente a su propio rostro. –Porfa… por favor…– le dijo antes siquiera de pedirle lo que tenía en mente. Olvidándose de la pastilla con rapidez.

– Hasegawa-kun. – le sonrió el profesor, poniéndose las gafas y observándolo. – Eso era para el dolor de cabeza. ¿Se te ofrece algo sin que tenga que leerte la mente?

–Eso sería increíble, pero me conformaré con algo mucho más sencillo…– se movió un poco en la silla, sonriendo. Su flequillo negro y violeta cubriéndole parte de la cara sin que el chico hiciese nada por evitarlo. –Es sobre… este…– se rió un poco, perdiendo fuerzas conforme iba explicándose. Sabía que se iba a negar. –Este recital de poesía. – Carraspeó un poco. Mostrándole un flyer que le habían mandado al e-mail y él había impreso.

–Ya, es interesante. – le contestó, observando el flyer, un poco incómodo. Le agradaba el chico, y al menos se interesaba por sus clases, pero nunca sabía qué decirle. –Sin embargo sabes que no puedo. Tal vez deberías invitar a uno de tus amigos. ¿No te parece más divertido que ir con tu profesor?

Senzo suspiró con fuerza, echándose hacia atrás en el asiento y mirándolo a los ojos. –No tengo amigos… ¿Por qué no? Ahora ya tengo dieciocho, los cumplí ayer… y no lleva en la cara escrito que sea mi profesor. – apoyó las manos en la mesa y la frente sobre ellas. –Por favor…

– Pero soy tu profesor, no es apropiado. Sé que lo comprendes, Hasegawa-kun. Eres un chico inteligente. – lo miró a los ojos, deseando poder ayudarlo. – Si realmente te interesa la poesía, tal vez conozcas a alguien allí.

–No puedo ir, no tengo coche, ni permiso, mis padres no me llevan y usted tampoco… –se echó hacia atrás de nuevo, dejándose escurrir por el asiento, aunque se le subía la camiseta por el ombligo. Mirándolo fijamente. –Me falta muy poco para traumatizarme, lo haré si no me llevas… llévame… –le pidió serio, ya que realmente le afectaba su negativa.

– No creo que debas traumatizarte por algo así. Aún eres muy joven. A ver, dime, ¿qué dirían tus padres de que vayas con un profesor? – se cruzó de brazos, inclinándose hacia adelante sobre el escritorio.

–Que me corte el cabello y me haga un hombre. Es lo que me dicen cuando les hablo de usted. Pero no comprenden nada. –miró a un lado y se cruzó de brazos también. –Me traumatizo…– insistió, mirándolo a los ojos de nuevo. –Quiero ir, me muero aquí encerrado con todos estos paletos, por favooor… seguro que usted también odia esto… paletolandia.

– No digas eso. – le cortó de manera tajante. – Los otros chicos son como tú, Hasegawa-kun. Tienen tantos problemas, dificultades y posibilidades como tú. No deberías ser así con ellos. –le riñó, sacándose las gafas, pensativo. – No puedo ir en contra de los deseos de tus padres.

–A ellos les da igual, les parecerá bien. Dirán que tome ejemplo. – apoyó las manos en los reposabrazos, sintiéndose reprendido y bajando un poco la mirada. –Son todos unos idiotas. ¿Es que no ve de lo que hablan? De tele y de tetas… o de deporte. Y yo odio todo eso.

– Vamos, no puede ser tan malo, estoy seguro de que hay otros chicos como tú. – le tocó el hombro con una mano, intentando animarlo. Podía comprenderlo, la verdad. – Bien, mira... No es que no quiera llevarte. Me alegra mucho que te interese la poesía, en serio. Pero no se vería bien que salga de noche con uno de mis alumnos. Aunque fuese educativo.

El moreno empezó a dar pataditas en la pata de la mesa, sintiendo la mirada borrosa y levantándose despacio. –Gracias, iré a ver si me atropella un coche… ah no, si aquí circulan a 20. – se pasó la muñequera por un ojo y se fue del despacho, dejando escapar un resoplido mientras entraba en el baño.

Sazae suspiró, realmente deseaba llevarlo. Sabía cómo debía sentirse el chico. Pero también sabía las consecuencias que aquello podría acarrear. Tal vez no se lo pareciese, pero lo hacía por su bien.

.....

–Mierda…– susurró el chico al ver quienes estaban en el baño. No comprendía por qué tenían que estar siempre ahí.

Kenichi puso la pierna contra la puerta para impedirle el paso e inclinó un poco la cabeza para mirarle a la cara. –Se te está corriendo el rimel, Senzo…– se rió, notando que estaba llorando. No era la gran novedad. – ¿Qué pasó, se te rompió una uña?

–No, me dejó el novio… como no sé si podré soportarlo, he venido a llorar en tu hombro. – el chico le apoyó la mano en la pierna y el moreno la apartó.
–Saca de ahí, nenaza…– se quitó como si le diese alergia, y miró al pelirrojo que estaba con él.

Kogane se rió, cubriéndose la boca. – Por favor, ten algo de dignidad. ¿Sigues rondando al sensei? Causa perdida... – se miró al espejo, acomodándose un mechón de cabello y mirando a Kenichi por el reflejo, disimuladamente.

–Lo hago porque es interesante, no como vosotros…– el moreno se metió en el baño antes de que Kenichi le diera una colleja.

– ¡Te la daré igual cuando salgas! Atontado… –miró a Kogane de nuevo, y se sentó encima de los lavabos, apoyándose el cigarro en los labios. –Espero que no lo haya liado de nuevo para ir a algún sitio de esos. Ya sabes, esos muermos que le gustan al mariquita este. –le dio una patada a la puerta sin levantarse de donde estaba.

–No eres más duro por pegarle patadas a las puertas…– le dijo el moreno desde dentro. Pensando que debía haber buscado otro lugar donde encerrarse.

–Lo voy a matar… ¿Por qué no sales y ves lo que es duro?

–Tu polla no, eso seguro…– el chico se rió dentro del baño. Le iba a pegar cuando saliese. Tampoco le importaba, igual así le daba algo de lástima a Koyanagi-san y lo llevaba. Le iría a mostrar lo guays que eran.

– ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Se la has mirado en clase de gimnasia o qué? Mirón... – se burló el pelirrojo, defendiendo a Kenichi a pesar de que aquello le había incomodado un poco. – Oye, ¿Nos vamos a quedar aquí esperando? Es un poco aburrido, ¿no?

–No gracias, yo no miro esas cosas nauseabundas…

–No, espera a que me acabe la truja al menos…– se rió por lo que el pelirrojo había dicho, y le dio otra calada. –Cállate, Hasegawa, a ver si te la meto hasta la traquea.

El moreno se rió dentro del baño. –Seguro…

–Vamos, porque si no lo mato. – el moreno meneó la cabeza un momento, y le lanzó la colilla por encima del agujero del baño, aunque ni lo rozó.

Senzo cogió la colilla y la observó un momento, antes de quemarse el brazo con ella. Frunció un poco el ceño y la apartó.
–Oh, pues no queremos eso... –se rió Kogane, rascándose un lado de la cabeza y alejándose. – Qué infantil es...

–Es un anormal. – Kenichi tomó aire y se estiró ruidosamente, sonriendo al ver a un amigo, y pegándole un puñetazo en el pecho, que el otro le devolvió reído.

–Eh Ken, Kogane… esta noche vamos a pillárnosla a casa de Takeda, sus padres están fuera. ¿Os apuntáis? Van a venir unas tías del femenino.

–Yo me apunto… –le contestó el moreno casi de forma instantánea, haciendo que el otro se riese.

– Sí, yo también. Pero no puedo quedarme hasta muy tarde. – contestó Kogane sin mucho entusiasmo, aunque intentando aparentarlo.

–Es una pena, las tías sólo vendrán a primera hora… después se piran. –el rubio se rascó el pecho y luego suspiró. Mirando la hora y apoyando una mano en el hombro del pelirrojo. – ¿Vamos?– Tenemos que cambiarnos. Los sujetó a ambos por los hombros mientras caminaba hacia el gimnasio.

– Mira que van a decir que eres gay tú también. – se rió Kogane, metiéndose un poco con él, aunque ahora se notaba más alegre. – Tengo que quedarme para las prácticas... ¿me esperas, Ken?

–Seh… –el moreno se sacó un poco del abrazo y se guardó las manos en los bolsillos. –De todos modos ese E.T. de Hiroki me hará los deberes… Me quedaré a echar un vistazo. A ver si con suerte viene Akira y jugamos al basket un rato.

–Yo también me apunto después. –el rubio sonrió, y señaló a un chico que estaba a lo lejos. – ¡Tú! Esta noche en casa de Takeda.

– ¿Eh? Vale…– le contestó el otro reído y meneando la cabeza.

– Y al final habrá más chicos que chicas en esa fiesta... – se rió de nuevo Kogane, empujando las puertas del cambiador y dedicándole una sonrisa algo maldita al chico que estaba allí, terminando de cambiarse tan rápido como podía, intentando pasar desapercibido.

–Eh… E.T. – Kenichi le apoyó la mano en la cabeza y se inclinó hacia delante, hablándole bien cerca. – ¿Me has hecho los deberes? –le preguntó casi con dulzura.

– S...sí... – asintió el chico, echándose un poco hacia atrás. No le agradaba para nada, pero no era estúpido como para estarlo desafiando a esas alturas. Se preguntaba como es que no se daban cuenta de que ese neandertal no hacía sus propios deberes.

–Bien hecho…– le dio una palmadita en la cara y sonrió, apartándose y quitándose la camiseta para ponérsela en la cabeza antes de coger la de gimnasia y los shorts. –Eh... Kogane, ¿Me quedo a comer en tu casa? ¿Te dejan tus viejos?

– Claro, y sabes que no me importa además. – sonrió, porque sabía que sus padres no veían con muy buenos ojos a Kenichi, pero eso hacía que a él le agradase más aún. Además, siempre les decía que lo estaba ayudando con sus estudios.

Hiroki mientras, se sacó la camiseta de la cabeza, dejándola sobre el banquillo con gesto de fastidio, intentando alejarse tan silenciosamente como le era posible.

Senzo entró en el gimnasio con cara de que su vida era un suplicio y miró a Kenichi, pasando entre él y el pelirrojo para ir a su taquilla. Sonrió cuando el moreno lo sujetó por la camiseta desde atrás.

– ¿Me vas a pegar? ¿Después de esto? –le mostró la quemadura y sonrió. –Verás como se la enseñe al director.

El moreno hizo una mueca. –Eso te lo has hecho tú, idiota…

Senzo lo miró a los ojos y luego a Kogane. –Explícale a este primate que nadie le creerá…

Kenichi lo soltó y le pegó una colleja en el cuello que resonó. Takeda, que acababa de entrar, propinándole otra sólo por unirse a la “fiesta.” – ¿Qué pasa? ¿Venís esta noche?

–Claro, tío…– el moreno se sentó para atarse las zapatillas. Sonriendo de nuevo y observando a Kogane. –Pero igual llegamos un poco tarde, llevamos unas botellas para compensar…– le dijo reído.

–Eres un jefazo…– el chico se rió, sentándose al lado del pelirrojo y cambiándose también.

– Sin licor no hay fiesta... –se rió el pelirrojo, acomodándose la camiseta antes de agacharse para atarse las zapatillas.


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