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viernes, julio 24, 2009

Waste of Skin - Nueva novela yaoi


Argumento: Lo que es, lo que fue, lo que pudo ser y lo que aún podría suceder. Todas estas posibilidades se entrelazan en la vida de cada persona y los protagonistas de esta novela no son diferentes. Hay quienes usan y quienes son usados e incluso aquellos que permanecen danzando peligrosamente en la línea divisoria, pero al final, cada quien tiene que vivir con sus propias decisiones y de la misma manera, cada cual debe tomar las riendas de su propia vida, antes de que esta decida por ti.

* Waste of skin: una persona que no vale para nada, cuya existencia no se merece ni la piel que "malgasta"

Genero: Violencia, romance, sadomasoquismo, tortura, prostitución, drama, tragedia, parafilias, BDSM, yaoi (homoerótica), lemon, psycho, violación, underground, hardcore, corrupción, sumisión.

Una novela que no va a dejaros inmunes, y tengo que advertirlo... puede que ciertas cosas no sean indicadas para personas en exceso sensibles a la violencia sexual y el dolor. Pero si te gusta el sexo duro... lo disfrutarás.

http://www.psychobrainyaoi.com/indices/Waste_of_skin.htm

Capítulo 1
Idolize Yourself
A night to remember


La lluvia caía pesada, golpeando el asfalto con un sonido insistente, ensordecedor, calándolo hasta los huesos. Sin embargo Lev corría sonriendo, cubriéndose la cabeza con un periódico sin preocuparse demasiado por si aquello funcionaba realmente o no.

Se refugió bajo el alero de un edificio, sacudiendo su cabello negro para liberarse de las ínfimas gotas de agua que se estrellaron al salir volando del mismo.

Lo habían rechazado por tercera vez en un solo día, pero no perdía las esperanzas. Ya sabía que las cosas no se darían por arte de magia, pero no tardaría mucho. Sólo tenía que insistir un poco más.

Una pareja pasó riéndose a su lado e inadvertidamente los siguió con la mirada, observando aquel letrero de neón brillante que señalaba la entrada del Púb. No estaría mal beberse una cerveza para recobrar los ánimos, estaba cansado después de todo.

–Documentación, por favor... –le pidió el portero alto y moreno que estaba en la entrada cerrando el paso. Sus mechas violeta se mezclaron con el cabello negro, mientras alzaba la vista tras revisar la fecha de nacimiento en el documento de identidad. Lo miró a los ojos, devolviéndoselo –. Pasa.

–Gracias –le sonrió el chico, mirándolo un poco más ya que le parecía muy atractivo –. Deberías sonreír un poco...

Pero el chico siguió serio, observando su sonrisa como si no la comprendiese para nada.

–No te había visto antes –le contestó sin más, en un intento de relacionarse un poco pobre. Casi parecía estar explicando la ausencia de su sonrisa, por el hecho de no conocerlo.
–Acabo de llegar. Bueno, llevo una semana aquí, es la primera vez que veo este lugar –Lev tomó una decisión espontánea, colocándose a un lado de la puerta para no obstruir el paso. De pronto le interesaba más hablar con ese chico –. ¿Cómo te llamas?

El otro lo miró algo incómodo de que se quedase allí, más preocupado de no saber comportarse ahora que había conseguido su objetivo, que feliz por haberlo logrado.

–Ares –le hizo una seña a dos chicas para que entrasen, ya que a las jóvenes guapas no se molestaba en mirar si tenían o no la edad. Cuantas más llegasen, más gente iría al Púb. Y eso era lo que le importaba al jefe –. ¿Estas solo aquí entonces? –le preguntó al chico a su lado.

–Sí, bueno, tengo un amigo, pero vine por mi cuenta. Me llamo Lev –extendió la mano para presentarse, aún sonriendo y pensando que estaría mojada, pero si no quería estrechársela, no tenía que hacerlo.

El moreno le estrechó la mano, pensando que no había que andarse con esas formalidades, aun así se la apretó un poco, como tenía por costumbre, antes de soltársela.

–Espera... le voy a decir a alguien que me cambie unas horas, y pasamos adentro –se apartó antes de que pudiese contestarle si sí o si no, preguntándose si seguiría allí cuando regresase o si iba a quedar como un imbécil

Lev sonrió aun más, entusiasmado porque hiciese aquello. En realidad, había pensado en invitarlo a salir luego de que terminase su turno. Se apoyó contra la pared, arreglándose el cabello un poco mientras tanto.

El moreno se acercó a la barra, hablando con el chico que estaba tras la misma. Este desapareció un momento detrás de una puerta, de la que volvió a salir enseguida, acompañado por un joven alto y algo gordo, aun más alto que Ares.

El chico hizo una seña hacia el que le esperaba y el gordo sonrió comprensivamente, pegándole unas palmadas en la espalda que al moreno le parecieron realmente molestas, pero se aguantó el quejarse porque estaba en el trabajo.

Llegó cuanto antes junto al otro chico y le sujetó la mano, tratando de llevárselo con él, antes de que el otro llegase para decir algo “ingenioso”.

–Me alegro de que hayas querido venir conmigo, ¿sabes? No puedo estar molestando a mi amigo todo el tiempo y te llegas a sentir solo en un lugar tan grande, aunque me gusta. Me gusta mucho –Lev comenzó a hablarle enseguida, sin darse cuenta siquiera de las prisas que llevaba el moreno.

–¿Sí? Bueno, ¿de dónde eres? –le preguntó mientras lo llevaba hacia uno de los asientos, extrañado porque aquello le pareciese tan grande, claro que él llevaba viviendo allí toda su vida.

–De un pueblito del que probablemente jamás habrás escuchado hablar –se rio el chico, haciendo un ademán con la mano y sentándose –. ¿Tú eres de aquí, verdad?

–Sí –contestó serio, sin muchas habilidades para continuar la conversación –. ¿Quieres tomar algo? Te invito, ya que yo no tengo que pagar –se recostó hacia atrás en el asiento, cogiendo un cigarro y llamando a una de las camareras, ya que había confianza.

–Gracias... –el chico asintió sonriendo, contento de que fuera tan amable – Una cerveza está bien –pidió, apoyándose en una mano y pasándose la otra por el cabello al recordar que seguía húmedo.

–Si quieres secarte un poco el pelo en el baño... –le sugirió el chico, mirándolo y pensando que era muy guapo. Alto y con un cuerpo fibroso, delicado, le gustó ver cómo sus dedos pálidos y finos de entremezclaban con las hebras negras de su cabello.

–¿Qué vais a tomar? –preguntó la chica, que no acostumbraba a servir de ese modo, si no tras la barra, pero le hacía un favor al otro.

–Oh... una cerveza para él, y un bacanal para mí –la miró como despertando de sus pensamientos.

–O.K. –sonrió un poco, regresando tras la barra para prepararlos.

–Estoy bien así, ya me lo arreglaré cuando regrese a mi piso –le sonrió, apoyándose en ambos brazos ahora e inclinándose sobre la mesa –. Me agradas, eres amable y tienes esa sonrisa deslumbradora... –bromeó por lo serio que estaba.

–Qué gracia –el chico torció una sonrisa ahora, preguntándose si estaba diciéndole que no lo soportaba. Porque si el resto de la frase era tan sincera como lo de su sonrisa... –. Pues si no te gusto ya sabes –dijo serio de nuevo.

La chica les trajo los vasos, sin percatarse de lo tenso del moreno, aunque no era nada nuevo con él esa cara de ir a matar a alguien.

–Tomad –los apoyó en la mesita y se fue, mirando atrás de soslayo un momento.

–¿Eh? No dije eso, dije que me agradabas. Sólo quería ver si sonreías, aunque fuera un poquito. Y de alguna manera, lo logré, ¿no es así?

–Si tú lo dices... –cogió la cerveza, ofreciéndosela y dando un trago después de su propio vaso, recostándose de nuevo contra el respaldo –. No se me dan bien las sutilezas.

–Ya lo noto, pero a mí me gusta jugar. ¿Te enfadarás? No era mi intención –se disculpó a su manera, bebiendo un poco de cerveza –. Supongo que sólo estoy feliz de estar hablando con alguien.

–Ya, no voy a enfadarme por eso, supongo, no lo sé –le dijo con extrema sinceridad –. ¿Dónde estás viviendo?

–Estoy alquilando una habitación arriba de un almacén. No es gran cosa, pero servirá por ahora. Por lo menos es silencioso y económico –le contestó Lev, observando sus ojos, mientras continuaba bebiendo de su cerveza.

–¿Y para qué has venido? ¿Buscas trabajo? –se interesó, bebiendo un poco más, dejando que sus ojos azul verdoso lo mirasen fijamente. Se llevó el cigarro a los labios, mirando hacia abajo mientras dejaba escapar el humo.

–Algo así –le sonrió con algo de complicidad, deslizando un dedo por el borde de la mesa luego –. Voy a ser actor. Y te recordaré cuando sea famoso, serás el primer chico que me compró una cerveza aquí.

–Eso no tiene mucho mérito, ¿no? –sonrió levemente, pero esta vez de forma sincera. No pudo evitar pensar que apuntaba alto –¿Y ya has hecho algún papel en anuncios o algo así?

–No, aún no, pero acabo de llegar. Sólo dame tiempo –negó con la cabeza, observando su cerveza ahora –. Recuerda mi rostro –le sonrió, alzando la mirada de nuevo –. Me sentía un poco solo hoy, claro que esto tiene mérito.

–Bueno, entonces tendrás que recordarme como el primero que te hizo compañía cuando llegaste solo aquí –giró un poco la situación, sonriendo y llevándose el cigarro a los labios otra vez –. Pero al menos habrás estudiado arte dramático, ¿no? –se apoyó de lado en el sofá, colocando un brazo sobre el respaldo para verlo mejor.

–En donde yo vivo... no se toman estas cosas en serio –admitió un poco avergonzado, aunque no por él, sino por venir de un lugar tan atrasado –. Pero estuve en el club de teatro de mi escuela y luego en la universidad. Se hace lo que se puede, ¿no?

–Sí, bueno... –lo miró a los ojos, pensando que era un iluso. ¿Eso pensaba poner en su currículo? –¿Y qué has estudiado entonces?

–Publicidad –le contestó guiñándole un ojo de pronto –. No me mires así, tengo talento. Ta-len-to. ¿No me crees? –se rio terminándose la cerveza luego.

–Te creo, es sólo que... no sé, las cosas no son tan fáciles, creo yo. Pero puede que no sean tan fáciles para mí, simplemente. No tengo “don de gentes” supongo –le ofreció beber de su vaso, preguntándose si al menos sabría lo que era, viniendo como lo hacía de un pueblo –. ¿Quieres probarlo?

–Quiero probarlo todo al menos una vez –le aseguró, tomando el vaso que le ofrecía y bebiendo, dejando escapar un leve suspiro después –. Está bien... Y voy a triunfar, ya lo verás. No soy de los que se rinde fácilmente, sólo tengo que esforzarme un poco...

–Bueno, pues entonces ve a por ello, yo no tengo aspiraciones de esa clase, así que, supongo que no puedo comprenderte. ¿Quieres beber algo más? –se llevó el cigarro a los labios, pensando que se había bebido la cerveza muy rápido.

–Acepto de lo que tú estás bebiendo –le señaló, moviéndose un poco en su asiento, inquieto –. No pasa nada, tal vez te contrate como mi guardaespaldas cuando sea famoso. ¿No es una buena aspiración?

–Sí, es interesante al menos, y como eres guapo, supongo que puedes tener suerte –le dijo mientras se levantaba, pensando, sobre todo si decides hacer ciertas cosas por conseguir empleo –. Voy a buscarte uno, ahora vengo.

–Vale, gracias –Lev se giró un poco para mirarle el trasero mientras se alejaba hacia la barra. Seguramente era uno de esos realistas que pensaban que todo era imposible, pero él estaba seguro de poder conseguirlo. No se rendiría.

Ares miró un momento a donde la chica le señalaba y mientras le preparaba el trago, se acercó a dos chicos que al parecer la habían estado incordiando de forma bastante insoportable. Estaban borrachos, eso se notaba. Los invitó a salir educadamente, aunque estos no parecían estar por la labor. Insistió de nuevo, ya tirando del brazo de uno de ellos para levantarlo. El otro hizo un gesto con las manos, como diciéndole que ya se largaban.

El chico los llevó hacia la salida, molesto porque lo interrumpiesen en ese momento, regresando rápidamente a por el trago.

Ya estaba aproximándose al chico, cuando notó a un listo que se había sentado en su sitioy trataba de entablar conversación. ¿Por qué?, pensó. Siempre le pasaban esas cosas.
Lev estaba asintiendo, escuchando lo que le decía el chico. No veía por qué ser grosero, pero la verdad lo estaba incomodando un poco.

–Así que... ¿te gustaría salir y...?

–¡Oh! ¡Mira! Ahí regresa mi novio –lo interrumpió el moreno, poniéndose de pie y alzando la voz incluso, esperando que Ares le siguiera el juego –¡Mi amor, te extrañaba!

–¿Eh? Sí... yo también –murmuró serio, sujetándolo por la cintura. La verdad es que le había hecho gracia su salida, pero aun así le incomodaba tener que fingir, puesto que no se le daba nada bien. Miró al otro y le hizo una seña con la cabeza, como pidiéndole que se levantara.

–¿Tienes novio? Bueno, me piro..., pero conste que no soy celoso.

–Si fuera su novio de verdad, te partiría la cara por eso que acabas de decir –fue incapaz de aguantarse, soltó al otro y empujó al desconocido con una mano para que se largase.

El “moscón” se fue, murmurando algo en bajo, del tipo a: te libras por esto o lo otro. Pero largándose al fin y al cabo.

–Toma –le dio el vaso al chico, sentándose de nuevo –. No me vuelvo a ir... –murmuró para sí, sintiéndose un poco molesto al notar que lo había dicho en alto.

Lev sonrió observándolo, con el vaso en la mano, y sentándose de nuevo.

–Eso fue muy dulce. Harás que me enamore de ti. Es una lástima que hayas revelado que no somos novios en realidad, pensaba besarte.

–Eso no se dice cuando ya no piensas hacerlo –se quejó el otro, bebiendo un poco y sujetando el vaso con la mano que sostenía el cigarro. Tenía el ceño algo fruncido, el enfado no se le pasaba, aunque hubiera sido una chorrada.

–Aún puede que lo haga. ¿Quién sabe? –le sonrió el chico, pensando que se veía más atractivo así. Se llevó el vaso a los labios, bebiendo sin mucha cautela.

Los ojos aguamarina del otro lo miraron fijamente, como si estuviese pensando en algo. Sin embargo le dio otro trago al vaso, terminándose lo que le quedaba y dejándolo sobre la mesita que tenían delante.

–Creí que eras un inocente chico de un pueblo remoto. Como Heidi... –bromeó, aunque con aquella cara tan seria.

–¿Acaso me ves usando trenzas? –se rio Lev, bebiendo de nuevo, antes de continuar –Soy un chico de pueblo, en eso tienes razón. Inocente... no sé, no sé.

–Heidi no usaba trenzas, era moderna para su época. Llevaba el pelo a lo garçon –Ares lo miró de soslayo mientras apagaba el cigarro en un cenicero, esbozando una sonrisa al imaginárselo con trenzas.

–Da igual, mi estilo es mucho más original, ¿no lo crees? Aunque esté mojado ahora... Oh, ya no lo está –se rio de nuevo, tocándose las puntas con un de dedo –. Pero no me has dicho nada de ti...

–No soy muy interesante –le aclaró, observando sus ojos –. Estoy... practicando para pasar las pruebas para policía, pero no sé, últimamente me lo estoy pensando mejor –murmuró, recostándose en el respaldo otra vez.

–¿Por qué? Yo creo que te verías genial en uniforme, aunque ese no seas el mejor motivo para que te unas a ellos –le sonrió pasando un dedo por el brazo del chico –. Yo te encuentro fascinante.

–Tú lo que pasa es que quieres ligar conmigo –le respondió sin más, observando lo que hacía y girándose un poco hacia él –. Me veo mejor usin uniforme –se inclinó hacia él, besándole debajo de la mandíbula y rozando su piel con la lengua.

–No lo dudo –susurró el chico, bajando un poco la cara para lamer sus labios, sonriendo –. Te encuentro fascinante en muchos sentidos.

Ares le sujetó el cuello, besándole los labios y entrando en su boca profundamente, observando a la gente pasar tras ellos y entrecerrando los ojos levemente, como si no se fiase de hacerlo por completo. Su otra mano le sujetó la cintura, tocándole la piel bajo la camiseta.

–¿Quieres ir afuera? –lo miró a los ojos, preguntándose si lo comprendería.

Lev asintió, un poco acalorado ya y tomó su vaso, acabándose el trago antes de salir.

–Afuera, adentro, a donde tú quieras...

–Vamos a mi casa –lo invitó, levantándose y sujetándolo por la cintura.

Lev se apoyó en él, caminando como si realmente fueran una pareja. Había una pequeña voz en su mente que le decía que aquello era peligroso, que no lo conocía de nada, pero no quería estar solo y su instinto le decía que podía confiar en aquel chico.

–Vivo aquí al lado... –se explicó, preguntándose si no le preocupaba largarse así con un desconocido. Era normal para él y para mucha gente allí. Tal vez seguía viéndolo un poco “Heidi” con eso de que era de un pueblito del que nunca habría escuchado hablar. Sonrió ligeramente, sacando las llaves de uno de los bolsillos de sus jeans y girándolas en su mano.

–Qué conveniente –sonrió el chico, sin quitarse de donde estaba apoyado –. ¿Traes a muchos chicos aquí? No me molestaré, mi amor...

–He cambiado las sábanas desde el último –le dijo de broma, esbozando una sonrisa y abriendo la puerta de abajo, antes de subirse al ascensor con él. Metió dos dedos por la cintura de sus pantalones y lo atrajo contra él, besándolo despacio, con los ojos cerrados.

Lev le rodeó el cuello con ambos brazos, respondiendo al beso y entrecerrando los ojos. Estaba necesitando aquel contacto. Se resbaló un poco contra él, riéndose.

–Guapo... –susurró el moreno, sujetándole la cintura y notando cómo la camiseta se subía un poco contra sus manos. El ascensor se paró, y lo besó mientras salían del mismo, caminando de espaldas a la puerta.

El chico le mordió el labio inferior con suavidad, sonriendo mientras lo besaba de nuevo y manteniendo los ojos abiertos para no tropezar. Extendió un brazo para tocar la puerta y evitar que Ares se diera un golpe.

El moreno de todas formas ya estaba contando con ella y la tocó con el talón, girándose sin dejar de besarlo, ahora en el cuello, abriendo la puerta mientras su otra mano le tocaba la espalda.

No le gustaba lo mucho que “cortaba el rollo” el camino desde el local a su cama. Lo soltó para que entrase, cerrando la puerta y sacándose la camiseta en la entrada misma. Tenía la piel bronceada y su cuerpo estaba muy trabajado.

Lev respiró con fuerza, relamiéndose y sonriendo.

–No me equivocaba... –se sacó su propia camiseta, dejándola a un lado y revisando el lugar, alejándose hacia la cama como si estuviera en su propia casa.

Ares lo sujetó por detrás, rodeándole la cintura, acariciándole el abdomen y subiendo por su pecho con las manos. Sus labios, mientras tanto, se hacían con el cuello y el hombro del chico, rozando con el aro que llevaba a un lado del labio inferior, aquella piel tan pálida.

–Ahora podrás recordarme por algo más que la cerveza –le dijo al oído, rozando sus labios contra la curvatura de su oreja, mientras sus fuertes manos le abrían los botones de los jeans.

–Y tendrás algo que venderle a los tabloides cuando sea una estrella... Pero a ti no te demandaré –sonrió el chico, jugando mientras comenzaba a jadear, sus manos bajando por los brazos de Ares, ayudándolo a bajarle los ajustados jeans.

–Yo no haría eso..., pero te recordaré que me dijiste que querías que fuera tu guardaespaldas –le acarició el interior de los muslos. El ajustado pantalón se había llevado la ropa interior con él y sus manos se deslizaron hasta arriba, acariciando sus genitales y empezando a masajear su sexo. Ya estaba caliente y duro, el suyo hacía tiempo que había reaccionado y se apretaba contra las nalgas del chico.

–Ah... Lo serás... mi guardaespaldas fuerte y sexy... –gimió, inclinándose un poco hacia delante, rozándose aun más contra el sexo de Ares. Era grande, podía adivinarlo por el tacto, y además, se sentía tan caliente que no podía dejar de frotarse de todas maneras.

Ares resopló suavemente contra su piel, estremeciéndose por la forma en la que su sexo reaccionaba a aquellas caricias. Lo giró hacia él, besándolo profundamente de nuevo, jugando con su lengua fuera de la boca del chico, succionándosela después, sujetándola con los dientes y abriéndose el pantalón, para segundos después tomar sus nalgas. Se las apretó mientras se deshacía de aquella prenda, dejando que cayese sola y apartándola.

–Pues ya sabes dónde encontrarme de nuevo.

–Incluso apuntaré la dirección –sonrió contra sus labios, atrayéndolo por los hombros y dejándose caer de espaldas sobre la cama, besándolo nuevamente. Ahora era él quien le sujetaba las nalgas, pegando ambos sexos uno contra el otro.

–Oh... –Ares resopló con fuerza, excitándose aun más por la manera de comportarse del otro. Se apretó contra su cuerpo, rozándose y besándole el pecho, deteniéndose en sus pezones y lamiéndolos alrededor, succionándolos y mordisqueándoselos delicadamente.

–Qué bien se siente... –Lev se alzó un poco, observándolo, pensando que se veía tremendamente sensual. Le estaban dando escalofríos de placer. Echó la cabeza hacia atrás, abriendo las piernas para que se colocase más al centro.

El moreno se metió entre ellas, sujetándoselas con ambas manos y separándoselas un poco más, bajando por su abdomen con la lengua, y arrastrándola por todo su sexo, succionándolo despacio, empapándolo en saliva y apretando un poco más los dedos en su carne. Observó de soslayo el lunar en la cara interna de una de aquellas piernas tan blancas y deslizó la lengua por esta hasta llegar al mismo, besándoselo.

–Ahora sabré cómo convencerlos de que digo la verdad si quiero salir en las revistas.

Lev se rio, divertido, dejando escapar una serie de gemidos algo escandalosos. Se apartó de él con algo de esfuerzo, deslizándose hacia atrás y poniéndose a gatas luego.

–Yo también quiero jugar, Ares... Déjame probar... –le pidió, acercándose a su entrepierna y lamiendo el sexo del moreno, que se había arrodillado al apartarse el chico.

Ares dejó escapar jadeos pesados entre sus labios, resoplando con fuerza y acariciándole el cabello con una de aquellas manos grandes, la otra la apoyaba en su propio abdomen, observando como entraba y salía su sexo en la boca del chico. Cerró los ojos un momento, bajando la cabeza y dejando que el flequillo le cubriese la mirada, mientras se movía entre sus labios cálidos.

–Seguro que Heidi no sabía hacer estas cosas...

Lev no le contestó inmediatamente, continuó succionando su sexo, lamiendo sus testículos. Lo tenía grande, tal y como había intuido. Lo dejó salir de su boca, mirándolo de manera traviesa.

–Heidi era una mojigata. Yo soy una estrella...

–Ella también es famosa. Todo el mundo la conoce, toma ejemplo –jugó, bromeando pese a que estaba serio y excitado. Le sujetó la cabeza, guiándolo hacia su sexo de nuevo, aunque procurando poder ver su cara, inclinándose hacia un lado y recogiendo con la otra mano, la saliva que resbalaba de la quijada del chico.

Se echó sobre él, pasando aquellos dedos tan mojados entre sus nalgas, dibujando el contorno de su ano y empujando dos en su interior, estremeciéndose por la sensación.

–Hum... –gimió el chico, succionando con más fuerza y apretando sus nalgas para sujetar aquellos dedos, con aquella sensación de calor, recorriéndolo, haciendo que su propio sexo se pusiera más duro. Se aferró a las piernas del moreno para no estremecerse demasiado.

Ares siguió moviéndose en su boca de aquel modo, explorando con los dedos en su cuerpo hasta que notó que aquella presión cedía al menos un poco. Exhaló entre dientes, separando los labios después para jadear, apartándolo de su sexo y tumbándolo sobre la cama. Apenas dándole tiempo a nada antes de apoyar las manos a los lados de su cabeza, colándose entre sus piernas y empujando su sexo de forma incierta contra él, sin molestarse en ayudarse con la mano, inclinándose y sujetándole el labio inferior con los suyos, mordiéndoselo sin querer un poco, al notar que por fin lo penetraba.

Dejó escapar un resoplido contra sus labios, y se empujó todo lo posible dentro de él, volviendo a hundir la lengua en su boca a la vez.

–Ohm... –gimió de vuelta el chico, enroscando su lengua con la de Ares y subiendo una pierna por su cadera, para apretarlo más contra él, rozando su sexo contra las abdominales del moreno y empujándolo más en su interior. Abrió los ojos, observando aquella expresión apasionada en su rostro. Realmente era sensual.

Ares se inclinó de nuevo sobre él, besándole el pecho y oliendo su piel, refugiándose en su cuello y besándoselo de forma apasionada. Sus nalgas se contraían cuando lo embestía, cada vez de forma más profunda, tal y como el chico le pedía con sus movimientos. Notó como se sujetaba a sus brazos y lo miró a los ojos, rozando la punta de la nariz contra la suya, besándolo de nuevo.

Lev por fin volvió a cerrar los ojos, dejándose llevar de aquella manera. Ambas piernas rodeaban al moreno ahora, apretando aquellas caderas que le parecían poderosas por lo fuerte que lo embestían y lo bien definidas que estaban. Podía sentir el líquido de su propio sexo humedeciéndolos a ambos, resbalando por su costado.

La mano del moreno sobre él le acarició el cabello, apartándoselo de la frente.

–Me gustas mucho, Lev –susurró entre jadeos, apenas separándose de sus labios, sintiendo un placer indescriptible cada vez que se movía dentro de él. El chico entreabrió los ojos, y él le mantuvo la mirada, sin detenerse, bajando una mano para tomar su sexo pulsante.

–Tienes... los ojos más hermosos... que... ah... –Lev se rio de nuevo entre gemidos, aunque hablaba en serio. Creía poder perderse en ellos, mientras sus gemidos iban en aumento. Alzó una mano para sujetarse a su cuello, acercándolo para que lo besara de nuevo, a pesar de que el orgasmo ya estaba más que próximo.

–Hum... –el moreno protestó ligeramente, porque aquel beso sólo le hacía más difícil aguantarse más. Casi le parecía que su sexo se quemaba dentro de aquel cuerpo delicado. Le mordió los labios con suavidad, mirándolo de nuevo y susurrando –Me corro... –para que lo dejase apartarse, ya que sus piernas lo mantenían sujeto bien dentro de él, como si fuera una deliciosa tortura, pero ya no podía más.

Lev relajó el abrazo, permitiéndole apartarse, aunque ni siquiera se había preocupado por aquello, así de concentrado como estaba. Apenas alcanzó a aguantarse por unos segundos más antes de correrse, gimiendo con fuerza y llevándose una mano al pecho como si su corazón no fuera a soportarlo.

Ares salió de él casi con urgencia, con el aliento temblando, sujetando su sexo junto al del chico, y corriéndose sobre su abdomen y por encima de su sexo, mientras este aún dejaba escapar pulsante, las últimas gotas de semen. Se inclinaba sobre él, su cuerpo agitándose por los estremecimientos y sus labios rozando los del chico.

Lev lo besó de nuevo, acariciando su mejilla con las yemas de los dedos, con suavidad, casi como si temiera hacerle daño. Sonrió contra sus labios, susurrando.

–Gracias por esta noche, Ares.

–No me des las gracias, me harás sentir como un escort... –se echó a un lado, abriendo un cajón de la mesita y dejándole una toalla de manos para que se limpiase un poco –. Puedes quedarte esta noche si quieres.

–Pero no podría pagarte si fueras un escort. Te doy las gracias porque me siento feliz en este momento –le aclaró para que no fuera a ofenderse. Se limpió, sentándose y apoyándose contra el respaldo de la cama –. ¿De verdad no te molesta que me quede?

–No, estará bien un poco de compañía –cogió un cigarro de la mesilla, apoyándose en el respaldo también, pero recostado. Lo encendió, cruzando después un brazo por detrás de su cabeza, dejando salir el humo de una sola bocanada –. Mañana puedes darte una ducha antes de irte si quieres, comer algo... como si estuvieras en casa, pero no me despiertes, duermo durante el día.

–No te preocupes, será como si no estuviera aquí –le aseguró, ya que no quería molestarlo. Giró la cara para mirarlo, sonriendo un poco –. No vayas a olvidarme... –susurró como si fuese algún tipo de hechizo extraño.

–No voy a olvidarme –se movió ligeramente, apoyando la cabeza sobre sus piernas y entrecerrando los ojos, llevándose el cigarro a los labios otra vez –. Espero que tengas suerte.

–No necesito suerte, tengo talento –sonrió con toda la confianza del mundo, acariciando el cabello de Ares y cerrando los ojos, así como estaba.

–Aun así... –insistió, dejándose acariciar de ese modo, ya que era agradable, lo adormecía. Aunque el sexo siempre le provocaba aquella sensación.


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sábado, julio 26, 2008

Stronghold - Novela yaoi online





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Stronghold


Estado: Próximamente

Clasificación: +18

Genero:
Fanfic Yaoi, Terror, angustia, guerra, conflictos, mundo alternativo, lemon,, zombies, paranoia, acción, violencia, muerte, gore, romance, fantasmas, futurista.

Argumento:

El mundo se está acabando. En oriente casi no quedan recursos y todos los días, miles de personas mueren sin que pueda hacerse nada al respecto. En occidente sólo es cuestión de tiempo para que suceda lo mismo. Las regiones luchan entre sí, en un intento desesperado por apoderarse de lo poco que queda, sobrevivir un poco más. La guerra ha escalado a tal punto que muchos se preguntan si no será la verdadera causa de su destrucción. Y dentro de los fortines, algunos aún intentan mantener la esperanza. Pero esta historia comienza el día del ataque final.

*Dado que la historia es ficticia y en un mundo alternativo, con Oriente y Occidente, no nos referimos a territorios ni países reales.






viernes, junio 27, 2008

Estreno Serious Business Novela homoerótica

Visítanos en:

psychobrainyaoi.com



Titulo: Serious Business

Estado: Próximamente

Clasificación:+18 años

Genero: Drama, Angustia, Relaciones Intepersonales, Romance, Lemon, soft BDSM...

Argumento:

Arashi Masamitsu y Fujiwara Araiso, dos adultos profesionales con carreras exitosas y una vida familiar completa. Dos amigos de toda la vida que luego de esforzarse arduamente, han conseguido alcanzar la estabilidad y la paz que llega con el trabajo duro y los años. Sin embargo, entre ellos hay un pequeño secreto, una relación que va más allá de la simple amistad, y una palabra que ni ellos mismos se atreverían a pronunciar en voz alta por miedo al ridículo y a la tragedia. Pero los secretos afectan a todos los que nos rodean, incluso a aquellos que pensamos no se darán cuenta. Y pasado el suficiente tiempo, el peso de un pequeño secreto puede llegar a ser enorme.

Capítulo 1
Can’t Keep My Mind Off of You

–Un poco a la derecha... Sí, un poco más. Justo ahí –el médico retiró sus manos del pecho del hombre, dejando las pinzas en la bandeja a su lado con gesto de haber hecho aquello miles de veces antes –. Listo, vamos a cerrarlo –miró el reloj, tomando nota de la hora en su cabeza. Era tarde, seguramente ya habría salido del trabajo.

–¿Fujiwara doctor? Si tiene que ir a algún lado yo puedo...

El rubio interrumpió a aquel interno, su mirada tornándose agresiva como si le acabase de ofender.

–Por supuesto que no, yo no abandono a mis pacientes sólo porque tenga algún compromiso. Y espero que usted tampoco lo haga en un futuro. Ahora, páseme la aguja por favor y observe.

.....

Araiso Fujiwara se paseó por su oficina una vez más, mirando hacia fuera y luego al reloj. Acababa de hablar con los familiares de aquel hombre. Estaban terriblemente nerviosos a pesar de que todo había salido bien, como era de esperar. Era un procedimiento de rutina sin más peligro que el habitual de cualquier operación. Pero ellos no comprendían eso. Nunca lo comprendían.

A pesar de eso, no era tan frío, si hubiese sido su hijo, seguramente hubiese estado asustado. Precisamente por eso se sentía tan culpable, porque los comprendía. Y porque no había dejado de pensar en él durante toda la operación e incluso mientras les hablaba. Claro que, sabía hacer su trabajo a la perfección. Sabía cuando necesitaba concentrarse. Pero aún así... lo estaba volviendo loco. Y lo peor era que sabía cual sería su reacción. Siempre era igual.

Necesitaba verlo, había pasado demasiado tiempo sin ni siquiera una llamada. ¿Quién se creía? Se miró al espejo, vacilando un poco antes de decidirse. Tomó su chaqueta poniéndosela antes de salir, llevando su muda de ropa en una mochila. Después de todo la había traído consigo. Lo había estado pensando desde por la mañana.

–Cuidado… –Usui, que por poco chocaba contra él, le sujetó un brazo, deteniéndolo en plena marcha –Justo iba a entrar en tu oficina a darte esto… –le extendió una carpeta con los informes de un paciente que necesitaba operarse –. ¿Ya te vas?

–Gracias... –le contestó, un poco perplejo por la sorpresa, pero recuperándose rápidamente –Sí, ya me iba. Debía haberme ido hace media hora.

–Tanta prisa… –lo miró y se fijó en la bolsa –¿Para ir al gimnasio? Sé que te dije que debías hacer deporte, pero con esa urgencia… ¿Es que comienza a notarse la edad?

–Por supuesto que no es eso... Me relaja. Estoy un poco cansado, es todo –le aseguró, frunciendo ligeramente el ceño de tal manera que sólo un observador detallista lo hubiese notado.

–Bromeaba… –se rozó la mandíbula y sonrió ligeramente –¿Entonces por qué no juegas al fútbol con nosotros? Aunque no contábamos contigo, podemos hacerte un sitio…

–No, no, sólo iba a usar las máquinas un poco. No suelo hacer ese tipo de deportes –se excusó, poniéndose un poco tenso. Si se ponía a jugar al fútbol ahora, para cuando terminasen Masamitsu ya se habría ido a su casa.

–Está bien, ya me lo contarás… –le dijo como si fuera una amenaza, aunque en realidad sólo trataba de provocarle la necesidad de hacerlo. No sabía qué demonios le pasaba, pero sabía que tenía que ver con la bragueta.

–No hay nada que contar. Sólo voy al gimnasio... Podemos jugar al fútbol otro día –sonrió por no verse demasiado serio. Seguro que Masamitsu se enfadaba, siempre se enfadaba.

–Está bien, doctor… que disfrute del ejercicio –le dijo, caminando unos pasos para alejarse.

–Sí, gracias. Tú también... –le contestó, observándolo, preguntándose si habría querido decir algo más. Nunca estaba seguro con ese hombre.


Capitulo 2
In Silence

El moreno colgó el teléfono lentamente, aunque en realidad le hubiera gustado aporrear el aparato contra la mesa antes de hacerlo. Se echó hacia atrás en el sofá de cuero, y cogió una cajetilla de cigarros del primer cajón de la mesa. La volteó pensativo. Trataba de dejarlo, de hecho siempre había fumado en secreto, pese a que no tenía de qué esconderse. Era mayorcito para hacer lo que le viniera en gana. Simplemente no le apetecía mantener esa conversación con su mujer. En realidad, no le apetecía mantener casi ninguna de las conversaciones disponibles con ella.

Tal vez por eso aún no se había levantado de aquel sillón, a pesar de que ya eran las nueve y había acabado con lo que tenía que hacer por hoy.

Se peinó hacia atrás el cabello con ambas manos, y finalmente tomó un cigarro, se lo llevó a los labios y lo encendió. El mechero provocó un sonido metálico al dejarlo sobre la mesa de nuevo.

El humo salió de entre sus labios, calmándolo. Era uno de los pocos placeres que tenía, no veía por qué dejarlo. De algo iba a morir de todos modos.

Observó el teléfono de soslayo, y lo levantó, marcando el número de casa y esperando.

–No me esperes para cenar, voy a ir al gimnasio… –escuchó a su mujer quejándose de que podría haber avisado antes de que hubiera pedido la cena. Frunció el ceño, tocándose la frente y aguantándose el gritarle que se callara de una vez. Le volvía la cabeza loca con sus quejas. Sabía que no era culpa de ella, así que soportó la descarga y cuando al fin se hubo callado, tan sólo dijo –No me esperes despierta –y colgó el aparato.

Desde que los chicos no vivían en casa, nunca le apetecía regresar del trabajo. Aquello parecía muerto y no le motivaba en absoluto.
Se levantó al fin y apagó el cigarro. Tras ponerse el abrigo salió del edificio de oficinas para tomar su coche.

Una vez adentro dejó el abrigo atrás y dobló la corbata metódicamente, puso la chaqueta del traje sobre la misma, y se aseguró de que la ropa de deportes estaba en la bolsa sobre el asiento del copiloto.

Se miró un momento en el reflejo del retrovisor, y sacó el coche de su plaza, dirigiéndose al gimnasio sin poder evitar pensar en Araiso.

Hacía tiempo que no lo veía, claro que él mismo lo evadía. Observó su teléfono móvil en el salpicadero y desechó la idea de llamarlo de inmediato. No tenía ni idea de qué clase de estupideces se le pasaban por la cabeza a veces.

.....

Se colgó la bolsa de deportes al hombro al salir del coche y bajó las escaleras que conducían al gimnasio situado en la planta baja de un edificio en el centro. Pasó a los cambiadores y entonces lo vio allí.

–Araiso… –lo saludó, ya que irse habría sido inapropiado. Empezó a quitarse la camisa para cambiarse. Lo alteraba su presencia. No estaba seguro de si le alteraba más porque había estado pensando en él, o porque sabía que él no iba al gimnasio durante la semana.

–Masamitsu... –el rubio lo miró con cara de estar dolido, sin poder ocultarlo, aunque frunciendo el ceño después –No sé por qué, pensé que vendrías esta noche. Me sentía inquieto.

–No lo digas como si no hubieras venido por ese solo motivo –se puso la camiseta mientras se quitaba los pantalones del traje.

–Ha pasado mucho tiempo. Por lo menos esperaba una llamada de mi mejor amigo –le contestó, frunciendo el ceño y sentándose para atarse los deportivos –. ¿Tan ocupado has estado?

–No hagas una escena… –le advirtió.

–¿Por qué crees que haré una escena? Somos hombres adultos, los dos –apretó los cordones de sus deportivos con fuerza, súbitamente deseando golpearle.

–Claro… es sólo que a veces a ti se te olvida –el moreno se sacó el reloj de la muñeca, y lo guardó en la bolsa antes de lanzarla al interior de la taquilla. Torció un poco la cabeza, estallándose el cuello, y sin percatarse, esperando en la puerta del vestuario a que terminase de cambiarse.

El rubio llegó a su lado, mirándolo de soslayo, sentía la sangre hirviéndole.

–Sígueme tratando así y te besaré aquí mismo – le amenazó, sólo por furia. Por supuesto que no iba a hacer algo como aquello. Pero a veces le parecía que el moreno olvidaba que eran amigos, no tenía por qué ser tan agresivo por más que tuviese temor.

–No lo harías –sentenció serio. En realidad estaba seguro de que le habría golpeado si hiciera eso. Se dedicó a hacer calentamientos, aún tenso. Acto seguido se sentó en una máquina de musculación –. No sé qué es lo que quieres…

–¿Aún somos amigos, Masa? –le preguntó, halándose de un brazo para estirarse –Por lo menos eso.

–Sabes… que sí –cerró los hierros por delante de su cara y siguió haciendo ejercicio. Era difícil aquella situación, por un lado saber que no debía estar con él, y por el otro el miedo a perderlo. Mucho había aguantado ya. Pero él también aguantaba, y ya hacía tiempo que parecía ser el único maduro ante aquella situación inverosímil –¿Ya has cenado?

–Aún no, comí algo antes de venir. No es bueno hacer ejercicio con el estómago vacío –le recordó, sentándose en la máquina a su lado, y empezando a mover los brazos, cuidadosa, pero pensativamente –¿Has cenado?

–No tenía hambre… –murmuró, resoplando por el esfuerzo y deteniéndose un momento –Comeré algo cuando llegue a casa le dijo, cambiando de idea respecto a lo anterior en cuestión de segundos.

–No es saludable –le contestó sin mirarlo, ya que comprendía lo que acababa de suceder. No era necesario que se comportase así. ¿Qué tenía de extraño que dos amigos salieran a cenar juntos luego de encontrarse en el gimnasio?

–No soy saludable –le contestó. Preguntándose lo que diría de saber que fumaba. Alzó una ceja, levantándose y poniéndose unos guantes antes de coger unas pesas y alzarlas delante del espejo. Observó el reflejo del rubio, y cómo los músculos se marcaban en sus brazos al hacer fuerza. Desvió la mirada a sus propios brazos, concentrándose en lo que hacía –. ¿Estás haciendo poco ejercicio? Has perdido forma.

–¿Cómo? –se quedó paralizado por un momento, frunciendo el ceño luego y retomando el ejercicio con más ahínco –No... Hago lo mismo de siempre, los fines de semana –se miró al espejo, disimulando. ¿De verdad se veía tan mal?

–Sí, supongo que me he fijado mal… –se sentó en una banca frente a él, y apoyó su propio codo en la pierna para trabajar mejor el bíceps. Lo cierto es que se veía tan bien como siempre, nunca perdía ese aire juvenil. Era un hombre muy atractivo, podía desnudarlo con la mirada, conocía muy bien ese cuerpo. Apartó la vista y echó una ojeada al gimnasio, a pesar de que a esas horas no había nadie allí. La mayoría estaban en sus sesiones –. ¿Qué tal tu hijo? –le preguntó por evadir el incómodo silencio, o la posibilidad a regresar a una conversación desagradable.

–Está bien, bueno... Me llamó hace dos días. Dice que está resfriado y se está volviendo loco. Ya te imaginas, el médico le dijo que no podía nadar por unos días... –sonrió de manera tierna sin poder evitarlo, poniéndose serio enseguida y cambiándose a la máquina de al lado.

Masamitsu lo siguió un momento con la mirada, frunciendo el ceño después, y siguiendo con las pesas, usando ahora el otro brazo.
–Es una lástima que no haya querido estudiar medicina.

–Eso pensé en un principio, pero quiero que haga lo que le guste... Siempre y cuando esté bien preparado –suspiró, bajando los brazos y volviéndolos a subir cuidadosamente –. ¿Qué tal los tuyos?

–Como siempre… uno responsable, y el otro rebelde –suspiró con fuerza, pensando en el chico que estaba con su pequeño. Frunció el ceño apretando la barra de la pesa.

–Pero son buenos chicos, aún así... –sonrió el rubio sin mirarlo, pensando en que le gustaría volver a tener aquella libertad. Los jóvenes no apreciaban la juventud. Frunció el ceño intentando sacarse aquello de la mente. Todos esos comentarios le estaban afectando.

–Sí –dejó las pesas y se levantó para hacer unos estiramientos con los brazos antes de acostarse en la colchoneta para hacer flexiones –. Nosotros también hicimos nuestros intentos de rebeldía… – le dijo, hablando con algo de esfuerzo.

–¿Intentos? Yo diría que fueron bastante claros, ¿no? –lo observó, dejando de hacer ejercicios por un momento. ¿Estaba siendo un necio? Tal vez debería dejarlo ir.

–No me estaba refiriendo a eso… –respiró con fuerza y siguió haciendo flexiones. Siempre estaba pensando en ellos como pareja. Parecía no entender que no tenía sentido ninguno.

–No, por supuesto que no –suspiró el rubio, continuando. Ni siquiera estaba prestando atención a lo que hacía. Lo peor de todo es que lo estaba volviendo loco con tantas flexiones, no podía evitar notar su cuerpo, sus músculos... –. ¿A qué te referías entonces?

–A muchas cosas –se detuvo ya que así no podía hablar, y se sentó con la espalda contra el espejo –. La primera vez que faltamos a clase, o las ocasiones en las que nos escapamos durante la noche… –se pasó una mano por la frente, secándose el sudor y pensando en los motivos de haber hecho esas cosas. Araiso tenía razón.

El rubio sonrió, recordando, deseando una vez más poder hacer regresar el tiempo.

–Fueron tiempos muy divertidos. ¿Alguna vez piensas en si te hubiera gustado tomar otro camino? Hacer algo diferente...

–Prefiero no pensar en cosas inútiles… bastante tengo con pensar en mis preocupaciones como para ponerme a divagar… –se recostó de nuevo en el suelo para hacer abdominales. Por supuesto que pensaba a veces en ello. Echaba de menos aquella libertad que se siente cuando son pocas las responsabilidades que cargas.

Araiso suspiró, levantándose de la máquina y agachándose frente a él, sujetando sus piernas como cuando tomaban clases de educación física.

–Los recuerdos no son cosas inútiles. Son parte de tu vida. Sin eso, ¿qué te queda?

El moreno lo observó un poco nervioso. No le parecía muy adecuado, pero trató de continuar sin decir nada al respecto.

–Tal vez sea mejor olvidar algunas cosas, o es imposible seguir adelante –le incomodaba levantarse en cada ejercicio, y tenerlo así de cerca –. Mi mujer me dijo que te veía a menudo con un hombre joven. Deberías ser más discreto…

–¿Discreto? ¿En qué? ¿En hablar con mis colegas? ¿En pedir la orden en algún restaurante? –frunció el ceño sin comprenderlo. ¿Ahora le iba a reñir por cosas que ni siquiera tenían que ver con él? –No sucede lo que estás pensando.

–Yo sólo estoy pensando en algo… y es en la circulación de la sangre en mis tobillos como sigas apretándome de ese modo –se sentó y lo miró a los ojos, frunciendo el ceño ligeramente y sujetándole una mano para que aflojase –. No hace falta que te alteres.

–No estoy alterado. No es como que te importe lo que hago o dejo de hacer, ¿o me equivoco? –se soltó de su mano, enrojeciendo –No me gusta que me acusen de cosas que no he hecho.

–Y a mí no me gusta que te apartes como si tuviera algo contagioso. Suficiente… ya estás haciendo una escena… –se levantó, cogiendo su toalla y regresando a los cambiadores. ¿Cómo se podía ser tan irritante?

Araiso permaneció allí arrodillado, sus manos temblando. Al cabo de un minuto, se puso de pie, siguiéndolo hasta los cambiadores y deteniéndose frente a él, mirándolo a los ojos.

Masamitsu lo miró también fijamente.

–No hagas una estupidez de la que vayas a arrepentirte… –le advirtió frunciendo el ceño.

–No, no tienes que temer –le contestó, quitándose de enfrente y empezando a cambiarse. No tenía ganas, lo cierto es que hubiese preferido irse así mismo, pero no estaba bien –. No voy a seguir molestándote.

El moreno lo miró de soslayo. Eso no se lo había esperado, creía que iba a golpearle. De pronto sintió miedo de perderlo, pero era demasiado orgulloso para disculparse.

–No saques las cosas de quicio…

Araiso sonrió con algo de tristeza.

–Entonces supongo que me llamarás esta semana, como llevas haciéndolo todo este tiempo. Somos amigos, ¿no? –contestó de manera sarcástica, aunque sin mucho espíritu.

El moreno apretó las mandíbulas ligeramente.

–Somos amigos… vamos a tomar algo –le ofreció para tranquilizarlo.

–¿No te preocupa que nos vean? –le preguntó, mirándolo de reojo y pensando que siempre estaban igual.

–Le dije a mi mujer que no me esperase despierta… –le dijo mientras se cambiaba.

–No me refería a eso –terminó de vestirse, acomodándose el cabello con cuidado, pensando por un momento en que su hijo siempre tenía algo más que acomodarle sin importar cuanto tiempo hubiese pasado peinándose. Él no tenía a nadie a quien avisar.

–Pues no sé a qué te referías… ¿Quieres que vaya a tu casa o no? –le preguntó, molesto por su falta de comprensión. Preguntándose si lo que quería era que se lo pidiera.

–No, sí, por supuesto. Disculpa, estaba distraído –le sonrió, recogiendo sus cosas y esperándolo. Por supuesto, nadie los vería en su casa.

Masamitsu negó con la cabeza al verlo sonreír. ¿No podía disimular un poco? Carraspeó aguantándose las ganas de imitar su gesto.
–Ve delante, ya iré yo después.

– No tardes... –le pidió, alejándose un poco nervioso. Seguía sin comprender qué tenía de extraño que dos amigos de toda la vida, salieran juntos del gimnasio.

.....

El moreno se bajó del coche unas calles más allá y cogió un cigarro del bolsillo de la chaqueta, aprovechando el camino para apurárselo. De nuevo aquella sensación de no estar haciendo lo correcto. Sin embargo, no podía permitirse sacarlo de sus casillas, y estaba claro que hoy no estaba dispuesto a soportar un no por respuesta.

Dejó caer la ceniza observando el pavimento, le hubiera gustado tener el valor de haberlo dejado ir. Llamó al timbre y dejó caer el cigarro afuera.

Araiso se miró al espejo una vez más, enrojeciendo luego por estarse comportando como un chiquillo. Exhaló, calmando sus nervios y dirigiéndose a abrir la puerta. No debió haber accedido tan fácilmente, pero nunca podía negarse a Masamitsu.

–Pasa... te estaba esperando –le sonrió, más nervioso aún.

El moreno entró, suspirando pesadamente y quitándose el abrigo para dejarlo en el perchero.

–Hacía tiempo que no venía.

–Demasiado. Yo... pensé que cuando mi hijo se fuera tendríamos más tiempo –cerró la puerta tras de sí, preguntándose qué hacer. No quería enfadarlo y que se fuera nuevamente. Pero lo había extrañado mucho.

–¿Me pones una copa?... –le preguntó, observándolo y notando que estaba nervioso. Él también estaba incómodo. Se sentó en un sillón, rozando el reposa brazos con los dedos, y cogiendo una fotografía de ambos cuando estaban en el instituto.

–Claro –asintió yendo a donde tenía los licores y sirviéndole una de lo que solía beber el moreno. –. Nos veíamos muy distintos, ¿no lo crees?

–Tú no… –dejó la foto donde estaba y lo observó pensativo –. Tu hijo se parece mucho a ti… siempre lo pienso cuando lo veo.

–Sí, supongo... espero que no haya heredado mi mal juicio también –sonrió, sentándose en el sofá y observándolo –, pero me hacían recordar, nuestros chicos, cuando los veía juntos.

–Prefiero no pensar en eso… Ya creo que mis hijos son unos desviados por mi culpa –respiró con fuerza y cogió el vaso de la mesita, bebiendo un trago e intentando relajarse.

–No son unos desviados, y me refería a nuestra amistad. Masa, a veces eres... –exhaló, decidiendo dejarlo allí, y bebiendo de la copa que se había servido.

–¿Qué? ¿Te desespero? –le preguntó mirándolo a los ojos –Siempre lo he hecho, creí que echabas de menos los viejos tiempos…
–Y eres un paranoico, aunque siempre eras tú quien me convencía de hacer las cosas... –protestó, enrojeciendo y escudándose tras su copa.

–Porque tú me provocabas… –le acusó de vuelta.

– Yo nunca te provoqué a faltar a clases, eso lo decidiste tú solo. Tampoco te provoqué a fumar –le contestó, mirándolo, sintiéndose relajado ahora.

–No… ¿Cómo le llamas tú a “Masa no existe ningún modo de ir a tal sitio sin que se entere nadie ¿verdad? O... Masa, ¿a qué crees que saben los cigarros?” Eso es provocar… Sabes que no puedo resistirme a ello.

–No, sólo era curiosidad... –hizo un gesto con los labios como protestando, echándose a reír luego. Por supuesto, enrojeciendo casi al instante –. No quiero perderte.

–No iré a ningún lado –le aseguró, observando sus gestos y apoyando las manos en los reposabrazos. Le parecía un crío cuando se reía así, era agradable –, aunque en una semana tengo que hacer un viaje.

–Me gustaría ir contigo. Sería agradable, desaparecer por un tiempo –sonrió, a sabiendas de que sólo fantaseaba, y le sujetó una mano con delicadeza –. ¿Por cuánto tiempo estarás fuera?

–No sé cuanto tiempo me tomará –observó su mano y se dejó hacer. No era la primera vez que le proponía una escapada. Siempre tenía una buena excusa, era demasiado descarado hacer algo así. Nunca sabía si realmente hablaba en serio o bromeaba –, pero estoy seguro de que no te resultaría divertido… –le dijo por si acaso.

–No, nunca me gustaron esas cosas de negocios. Sólo las soporto cuando es necesario –contestó, aliviado de que no fuesen tan frecuentes en su profesión. Se inclinó un poco más hacia él, observando aquellos labios.

–Ven… –le sujetó la mano, y tiró un poco de él a la vez que se recostaba más contra el respaldo del sofá.

El rubio se acercó, subiendo una rodilla sobre el sillón y, observándolo. Se preguntaba si realmente aquello era posible. Si realmente él era el único enamorado.

Las caricias del moreno en su rostro eran rudas. Le revolvía el cabello en la nuca con las puntas de los dedos y le apretaba el cuello ligeramente mientras lo besaba.

Masa estaba seguro de que se habría sentido infiel con cualquier otra persona. Pero no con él. Apoyó la otra mano en sus nalgas, y las apretó con fuerza, pegándole una palmada en ellas. Él desataba el deseo en todo su cuerpo.

–Masa... –jadeó el rubio contra su oreja, lamiéndola y bajando por su cuello luego, a la vez que iba abriendo su camisa. Se sentía descontrolado, seguramente por el tiempo que había pasado.

–No hagas eso, estoy sudado… –le riñó a pesar de que su rostro no se veía tan convencido como sus palabras daban a entender. Le abrió el pantalón y tiró de la cintura del mismo para pegarlo contra sí. Sujetando sus nalgas de nuevo, arrastrando su ropa con los dedos y haciéndolo rozarse contra su sexo.

–Ah... Entonces... tomamos una ducha juntos. Nadie nos ve –sugirió, enrojeciendo y sujetando su rostro para besarlo. No solía ser tan atrevido, seguramente estaba mal. Pero no podía contenerse.

–No me importa tu sudor… –lo miró a los ojos mientras abría su camisa. Quitándosela y apretándole los brazos. Se inclinó hacia delante y arañó sus pectorales con los dientes. Respiraba pesadamente y su mano comenzaba a buscar por dentro del pantalón, el sexo del otro hombre.

–Pues a mí... no me importa el tuyo –Araiso dejó escapar un gemido al sentir su mano sobre el sexo, y ocultó el rostro en el cuello del moreno, besándolo y succionando. No, al contrario, le encantaba su olor, todo en él.

–No me marques… –le advirtió, respirando con fuerza y estrujando sus nalgas con la otra mano. Deslizó los dedos entre ellas, tocando la entrada caliente en su cuerpo y apretando dos de ellos contra la misma, consiguiendo deslizarlos dentro de él. Seguía estando tan duro, tan terso como siempre. De sus labios escapó un ligero gruñido de excitación, al notar como sus nalgas lo apretaban y empujó la mesita con un pie.

–Nunca... te marco... –protestó aunque débilmente, la excitación era demasiada. Se aferró a su cuello con desesperación, volviendo a besarlo, moviéndose contra aquellos dedos mientras su pelvis se rozaba contra el sexo del moreno.

Masamitsu lo sujetó contra él y lo tumbó en el suelo. Nunca habría tumbado en el suelo a su mujer, ni siquiera podía imaginarla allí tirada. Pero Araiso se le hacía apetecible en aquel mismo momento, como y donde fuera. Le quitó los pantalones y la ropa interior de una vez. Sujetando su propio sexo y tocándose mientras lo observaba.

–Por Dios, Masa... –se tocó él mismo como reflejo, gimiendo, cada vez más caliente. Lo deseaba dentro de su cuerpo, no le importaba si aquello estaba mal, o si era un enfermo. Sólo sabía que lo deseaba y lo amaba, que lo volvía loco.

El moreno le apartó la mano como si sólo él pudiera tocarlo. Sujetó sus muñecas contra el suelo a los lados de su cuerpo y se inclinó sobre él para lamer su sexo. Despertaba todos sus sentidos, olía a fresco y su piel ardía. Estaba duro como un hierro.

Araiso entrecerró los ojos, sintiendo que enrojecía por cómo lo trataba. No le molestaba que lo sujetase con sus fuertes manos, su lengua le estaba quemando. Movió las nalgas, dejándose llevar por aquellas sensaciones, gimiendo aún más.

–Masaaaaa...

Masamitsu subió por su cuerpo, lamiendo su abdomen y mordiendo suavemente los músculos marcados en él. Recordaba muy bien la primera vez que habían comenzado a jugar de aquella forma desviada. Ya no habían podido detenerse, nunca más. Empujó abruptamente su sexo en el cuerpo del rubio y se apoyó a un lado de su cara con el codo, besándolo profundamente y mirando sus ojos de forma agresiva. No sabía por qué, pero tampoco era el momento de pensar.

Araiso bajó la mirada, cohibido aún en esos momentos, sujetándolo de pronto para besarlo de nuevo, perdiéndose en él. Alzó un poco una pierna, permitiendo que entrase más profundamente. No quería que se separase nunca de él.

La lengua del moreno se hundía en su boca, succionando la suya y arrastrando los dientes por ella. Araiso lo ponía tan caliente que no podía acallar gruñidos que surgían al contenerse. Le besó el cuello, lamiendo la piel de su pecho y sujetándole ambas piernas para darse más espacio. Lo embestía con todas sus fuerzas, sin ninguna lógica o control. El cabello húmedo le golpeaba el rostro.

La mano del rubio bajó por su cuello y su espalda sudada, apretándolo contra sí, temblando por la pasión, sus deseos contenidos por tanto tiempo. El orgasmo llegó incluso antes de lo esperado, haciendo que el hombre gimiese en voz alta a pesar de que intentaba controlarse, su cuerpo entero ardiendo, su sexo derramando el líquido blanquecino contra el abdomen de Masamitsu.

–Te... a... hmpf... –gimió, cortado por un nuevo beso.

El moreno frunció el ceño sin dejar de besarlo, golpeándose contra él y sintiendo su semen contra el abdomen, resbalando entre sus piernas y haciendo la penetración aún más placentera.

–Ogh… –apretó las mandíbulas, notando como se corría abundantemente dentro del rubio y le mordió la mandíbula. Cerró los ojos y soltó sus piernas al tiempo que se recostaba cansado sobre él.

–Masa... –sonrió el otro hombre, acariciando su cabello como cuando eran adolescentes. ¿De verdad estaba tan mal aquello? No quería ni pensarlo. No quería pensar en nada negativo cuando estaba con él –Quédate un rato.

–No deberíamos estar en el suelo… –murmuró, demasiado agotado y satisfecho como para hacer señales de moverse de allí. Tenía que ducharse antes de regresar a casa.

–No, pero es tu culpa de nuevo –sonrió un poco sin alzar la mirada –. No me siento muy responsable ahora...

–Tú me provocaste. Además, lo deseabas –se giró un poco, recostándose a su lado en la alfombra de bambú, y pasándose la mano por la cara.

–No seas necio. Tú también lo deseabas – continuó sonriendo, mirándolo por fin con aquel rubor en sus mejillas.

El moreno no dijo nada y se apoyó una mano en el pecho.

–Somos un desastre. Siempre sucede lo mismo.

–No puedo evitarlo, Masa –Araiso se sentó, respirando un poco más calmado ahora, desviando la mirada –Sabes lo que siento.

–Tengo que ducharme… –el moreno se levantó, cogiendo su ropa del sillón.

Araiso frunció el ceño, comprendiendo perfectamente. Era un idiota, siempre deseando verlo, deseando que alguna vez le contestase que él también sentía lo mismo. Dejando que hiciera lo que deseara, ni siquiera era algo normal.

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